El Dulce Nombre del Príncipe de Brent

Donde dos gigantes
imponen su excelsitud,
se recuerda por las noches
al heredero de la magia azul;
tan bien sentía la ilusión
que la razón era solamente maldición.

A sus amantes nunca reveló
ni su nombre, ni su origen;
«Es tan dulce el nombre que yo soy
que podría matarte en un instante»,
«Así que a tus preguntas no habrá respuestas
y las calles pisarás aunque falten aceras».

Pero una vez un hada hermosa de la vida,
a bien o a mal, tuvo la esperanza
de descifrar su nombre real, su origen
y esquivó las trampas de aquel silente príncipe,
sorteó dragones y mil suertes de perdices,
para encontrarlo, pero ni siquiera se acercó.

Le besaba los labios e intentaba
robarle un trocito del alma,
lo único que conseguía era soledad
y sobre aquella soledad un antifaz
que la mantenía a la distancia apropiada
para ver que un cisne falleciera sin proezas temerarias.

A sus amantes, tampoco a ella, reveló
ni su nombre, ni su origen;
«Es tan dulce el nombre que yo soy
que podría matarte en un instante»,
«Así que a tus preguntas no habrá respuestas
y las calles pisarás aunque se desvanezcan mis tristezas…»

©®MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 22 de febrero de 2,017

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Calabozo para un Nombre

Prisas de lavandería y un fernet
que jamás saboreé,
Noche Buena moribunda en la frontera,
dulce condena y lluvia entre mis letras
jugando siempre a la renovación.

Puede que el viento nos guíe tardenoches
hacia la misma estación
desde donde un iceberg nos vigila
con motivos de ocasión;
y sea por bien sacrilizado
o por un mal que nunca esperamos,
pero dicen que hay luces
imposibles de apagar.

Porque el trabajo de poeta no pagado
es lo que nos salva la vida,
lo que nos mantiene en ella;
júbilo hermoso de tinta indeleble,
público absorto ante el maestre
de una corrida que no ha sido nada clara,
de un rincón que se ocultaba en la mañana
y de un idilio con una dama prestada.

Puede que artesanos comprendan
el sentimiento de una voz,
que las alondras nos llenen de furia
los espejos del amor
y que arda en sus palabras la Noche Vieja
a la misma hora en que amanezca;
o que la muerte no nos quiera borrar la pena.

Verso perfecto, inconcluso,
postre de almendras y trenes,
cuentos para dejar de dormir
y un calabozo en el que ocultar tu nombre…

©®MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 21 de febrero de 2,017

La Ciudad de las Lunas Escarchadas (Melancolía)

La ciudad de las lunas escarchadas
tiene sed de la tristeza del mar,
como el aliento vanidoso de la postal
que desde aquí envié a tu andar.

Llueve y el gélido brote de hierba
se hace escuchar tan fuertemente
como un piano que ha perdido la prueba,
de no llenar las memorias de los oyentes
con sus notas encantadas sabor a ciudad.

Y desde aquí alzo el vuelo cada tarde,
mis rojizas alas satisfacen al viento,
como tu recuerdo a mi presente;
desde aquí sin tocarte, sin sentirlo,
ni un mínimo roce de desaliento
está prohibido para los instantes
en los que más extraño tu cuerpo
y la forma en la que volabas de noche,
entre la bruma de mi oscuro horizonte.

La ciudad de las lunas escarchadas
siente prisa en su recorrido sanguíneo,
cada vez que alguien cede a la vida,
al más fastuoso de los recorridos,
un alma más que deambule ahora sin piel;
por las calles, las mismas en las que alguna vez te amé,
como hoy amo el calor de la hoguera
que amaina tan sólo el silencio al pensar en volverte a ver.

Llueve y la tristeza empapada
aprende a mentir despacito a la tarde,
como tu boca y tu mirada, con tanto arte;
y jurar amor a un temporal sabes que es idiota,
como una guerra de razones que jamás retornan.

Desde aquí aprendo de memoria
tus nuevos gestos, tus promesas,
memorizo la humildad de tu culpa,
tu entrepierna, tus disculpas
y el beso que tanto nos unía;
porque no es culpa de la escarcha,
ni de las lunas; tiene nombre
nuestro don y se llama melancolía…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 26 de enero de 2,017

Sus Mares Nevados de Italia

Con besos de autor y drogas de diseño,
me he quedado tan feliz pensando
en la sonrisa que una vez me visitó
y el cetro en la mano que me concedió,
pero al abrir la puerta una triste sinfonía,
con rosas y tertulias del sabor de un mal día.

Se llamaba tan bonito que no se me ha olvidado,
esa vez en la que le prometí que no me atrevería,
a conocer a alguien que tuviera un nombre más bonito que el suyo.

No supo qué decir tras el primer trago,
con ella no hacía falta un mal momento,
ni sentir en la boca el sabor amargo,
su amor era a piel y cincel, buen presagio,
su ternura de un poema del que sigo contagiado.

Ojala al descolgar el teléfono sonara su voz
y una orquesta iluminara su pronto regreso,
sus manos de lluvia y sus mares nevados de Italia…

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 15/06/2016

Novelarte y husmear en el nido de tu boca,
de balcones está hecho el infinito
y quizás uno exista en el que tallar tu nombre bonito,
porque no creo en la luna si no estoy abrazado a tu hermosura…

Novelarte y dejar los vendajes, más no los puños al reventarse.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 07/05/2016