Prosa
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Sus rubios cabellos recuerdo, incluso cuando, enamorada, buscaba razones para no perder la esperanza; y no volvió a encontrarla.
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El frío de octubre me trae la paz de cuando, al fin, te veía luego de tanto esperar…
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Te quise tanto una vez, y voy a quererte por siempre. Siempre te buscaré entre las multitudes, siempre en ese gesto que tanto mostrabas.
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Más allá de la muerte, del gran principio, de la siguiente causalidad… Volvería a amarte.
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Una habitación, tus instantes: todos míos; los mejores años, un sueño inquieto: El Gran Querer. Tus desnudos labios, un amor vivo… Un beso a tiempo que nos hace estremecer.
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Se hizo demasiado tarde. Ni con todo el amor que aún te tengo podría invitarte a compartir los grandes momentos que vivo, ni mis tormentos.
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¿Somos verdaderamente felices? o nos equivocamos terriblemente y no queda nada más que hacer, nada más que hacer…
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Se acerca el momento, el de tu susurro, el que te desnuda de todo orgullo y de todo resentimiento; se aproxima tu cuerpo, tu espíritu y el beso que me pertenece por completo.
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¿A dónde ha ido el fuego? Su energía jamás desaparece, solamente aguarda el momento oportuno, el soplo del viento capaz de resucitar sus cenizas para arder por siempre.
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Te invocaré en las tardes, como a todo lo que espero y te harás causalidad en cuando sea el mejor momento…
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Si despiertas a mi lado todas las mañanas y un beso de mi boca te desnuda de pasados, sabrás que el presente es todo lo que necesitamos… Para amarnos.
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Descansa, está ganada la batalla… Estoy seguro de tu amor, y del mío, que cobija toda la ternura que decantas.
