Alas Nuevas de Seda

Era un ángel, con piel de amapola y suspiros de cielo, tenía un ala con herida, yo le abrazaba con suprema dulzura, le alejaba del frío que trae la aurora. Una vez me contó su sueño más recurrente, quise besar su herida pero su boquita nos interrumpió y floreció un aroma, nuevo, de verdes helechos y noches perennes, me eclipsaba su sonrisa bonita, era todo un augurio de fina y tersa alfombra de plumas, me gustaba más la piel de su alegría que la de su tristeza, pero ambas mías, pero siempre mías porque nunca fue capaz de hacerme daño…

Me enseñó el milagro de lo elemental, se refugió con sus hombros virginales en el escondite secreto de mis ideales, se aferraba tan fuerte a mis huesos que me perseguía la idea de mantenerla herida a mi lado, que nunca sanara, que no recordara volar, que nunca se pudiera marchar. Se pintaba las uñas con tinta de mirra, las tempestades hacían susurro su vocecita de mansa caliza. Se dejaba llevar por mi canto, bailaba suavecito con los ojos cerrados, entreabría los labios para abarcar con su respiración a mis manos con frío.

Se dormía pegadita a mi pecho, yo nunca dormía por estar observando sus pestañas, me buscaba con sus tersas manos y una de tantas veces descubrí sana su herida, sabes cómo es querer y no querer, decir y no decir, reír y llorar, todo a la vez. Los grandes dilemas dentro de mi alma han sido, desde siempre, a causa de situaciones complejas y determinantes.

Se fue con su llanto, con su disfraz de ave, a veces, por lo alto me observa y me cuida, se saca las alas por impresionarme, aprendió a levitar por precaución ante futuras heridas,
sus alas siguen siendo de seda, un invento personal de última generación.

Se me fue con el viento, yo no pude decirle adiós, sólo recuerdo que señalé un punto estático en el cielo y supe que no volvería jamás, pero era un ángel, lo sigue siendo, nunca dolió un instante suyo en mi pecho, me calmaba con sus historias de egipcias guapas, me atrapó en la sal de su hoguera una noche pequeña. La luna alzó las cejas al verle, se intimidó y fue tal el estruendo, que esa noche hubo eclipse total de luna y en la oscuridad me dijo: Constrúyeme dos alas nuevas que éstas por tu culpa seguro me las quitan…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 11/02/2016

Muchas gracias por sus ojos y sus alas,
también les invito a leer:

La tarde que sabe mejor
Veneno Miau
Mientras yo camine te recordaré
De magia y no de momentos

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