Si me vieras, vieras,
un demonio crecería en tu cabeza
y si a los ojos me leyeras
no habría descanso para tu lengua;
porque nací dotado en mil maneras
pero no tanto en cuestiones de paciencia;
y el día me aterra con sus bichos insufribles,
con los asesinatos tan al borde de mis calles
que, incluso con sus enceres malolientes a detalle,
vuelven reventados contra los cristales de mis muelles.
Si me vieras, vieras,
un demonio crecería entre tus piernas
y si a los ojos me leyeras
no habría cobijo para tus penas;
si me vieras, vieras,
si me intentas, quieta…
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Ciudad de Guatemala 12 de abril de 2,019

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