Un día el vino, tú y yo;
y al día siguiente,
lo que se nos ocurra,
un día lo prohibido y silente,
a los gritos por todas las plazas.
Un día el vino, tú y yo;
y al día siguiente,
lo que nos desnuda,
un día lo cohibido y ardiente,
a los gritos en nuevas mañanas.
Un día toda la fantasía,
sabrás a qué saben
las noches que conocía;
al día siguiente, la real osadía
de quedarnos en casa hasta siempre,
sin dejarnos de amar hasta la próxima vida.
—Messieral
MercyVille Crest, 11 de diciembre de 2,024
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