Siempre agradeceré a la vida el regalo precioso de que mis letras lleguen a conectar con el alma de mis lectores.

Y mucho más cuando eso me ocurre con alguna persona que quiero, alguien a quien sirva de algo lo que siento y plasmo en palabras.

Algo así me ha ocurrido hace unos días y me ha ayudado a comprender muchísimas cosas.

Este dos mil diecinueve ha iniciado de formas conmovedoras que atesoraré siempre.

Y hasta que aguante el corazón aquí estaré escribiendo.

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Ciudad de Guatemala 24 de enero de 2,019

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