No se notaba
diferencia alguna,
nos arropaba una silueta
de luz que suavemente ardía,
como ardieron mis besos
al recorrer cada una de tus armonías.
No se notaba
diferencia alguna,
nos arropaba una dolencia
que comenzó a sanar de por vida,
mientras nuestros cuerpos
se unían al compás de aquella melodía.
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Ciudad de Guatemala 24 de enero de 2,019

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