Marzo 2025
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Nuestro ego nos hace creer que la grandeza minúscula que representamos en el universo es un todo… cuando es evidente que somos sólo una pequeña parte de él.
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No te pertenezco. Vengo de vidas anteriores buscando liberarme del anzuelo; una vez conseguido, lo único que pretendo es alzar el vuelo.
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Daría mi vida por ti sin dudarlo. Eres el sentimiento más puro que inundó mi oscuro templo terrenal.
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Te amaré más allá de la muerte, no te equivoques. Aunque no vuelvas a verme, jamás estaré lejos de ti; jamás lo suficiente.
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Ya es tarde para desorganizar mi desastre. Seguiré creando mientras la vida siga habitando esta coraza de carne y versos.
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Me reconozco en el film del afortunado: aquel que lo perdió todo para descubrirse, para alimentarse de la adrenalina de atreverse a ser.
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Seguirás aquí cuando yo ya no esté. Hablarás en lugar de mi boca, amarás en lugar de mi cuerpo y sonreirás por los dos… Embistiendo tan fuerte como el viento en el cauce, cuando ya no quede rastro del mar. Ese mismo mar.
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Permaneció de espaldas a mi cuerpo, desnuda, la noche entera; aullando en un idioma vagamente familiar… Arañando las paredes y rasgando la severidad de lo irrepetible.
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Nunca podré dimensionar la suerte que he tenido en vida; tantas cosas pasaron desapercibidas ante mí… Incluso, por momentos, quise olvidarme de tus ojos.
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Merecimos *dolor*, también —la ceremonia—; el instante, el amor fallecido: (su insomnia).
