Miras tan detenidamente el paso de cebra
mientras avanzas sobre la avenida en que te amé;
intentas convencerte de no volver a ver la acera
en la que a besar yo te enseñé…
Y otras manos te despiertan, y otra boca te aconseja;
pero sabes que eres mía y que la verdad se te atraviesa
en cada camino, calleja y lugar en el que piensas
con detenimiento en mi cuerpo, en mi ortografía y en mi voz que tanto te fragmenta.
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Ciudad de Guatemala 24 de enero de 2,019

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