El Fruto Prohibido

Cruzamos las miradas,
no soy el duende, ni tú el hada;
parecemos tan normales
que parece un desastre.

Cruzamos la avenida
sin cruzar una palabra;
no quedan los amantes
intensamente apasionantes.

Ahora eres la dueña de las horas
que traspasan tu rutina;
ahora eres la esclava
del tormento de oficina;
y yo guardián protector
del arte que doy
a un mundo que me olvida y que se apaga,
que tampoco me abriga y que dispara…

Ahora eres la madre y la hija consentida,
ahora por fin te cuidan;
ahora eres hermosamente ordenada
en tu imagen tan tranquila;
y yo un hombre sin color
que ya no te rescata aquel amor,
un padre que intenta en las palabras
otorgar un legado que mantenga la calma.

Cruzamos las miradas,
no soy el duende, ya no vas en minifalda;
parecemos tan normales
que todo parece tan distante.

Cruzamos la avenida
sin cruzar palabra;
pero se escucha en nuestras calles
aún el ardor de nuestras tardes.

Porque ya no nos comemos la boca
con la pasión que juntos aprendimos;
ya no te ato a la cama en que duermes,
ya no te despierto el aullido;
porque ya no nos quitamos la ropa
con la violencia con la que nos quisimos;
ya no somos Adán y Eva
renunciando al paraíso.

Porque ya no nos comemos la boca
con la pasión que juntos encendimos;
ya no despeino tus cosas
siendo tu amante infinito;
ya no somos Adán y Eva
mordiendo el fruto prohibido…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 23 de enero de 2,019

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