No nos dolía tanto
la insatisfacción del momento,
ni la discusión, ni el invierno.

No nos incordiaban
las intensas palabras,
ni los gritos, ni las larvas…

Era algo más repentino,
algo parecido a un suspiro;
a veces quererse no está permitido
y otras veces es un mal no consentido.

No nos dolía tanto
la insatisfacción, ni el momento,
ni la discusión, ni el recuerdo…

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Ciudad de Guatemala 27 de marzo de 2,019


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