Para mí, el ocaso siempre era la mejor hora para salir, contigo y en ti; tomado de tu mano y de la hora en que nací.

Para mí, el ocaso siempre fue la mejor hora para vivir, para comenzar contigo y junto a ti; abrazado a tu cintura y a tu alma sin dormir…

Nueva Guatemala de la Asunción 4 de diciembre de 2,020
MESSIERAL



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