Sé que no eran las formas,
que aquel tampoco era mi estilo
pero buscaba con venganza
y con códigos fallidos
recuperar algo del tiempo perdido,
perder un poco del dolor que venía conmigo.
Y te cruzaste con esas letras
tan directas y llenas de tus sentidos;
sé que no eran las formas,
que aquel tampoco era mi estilo
y te volví un poquito loca
cuando mi abdomen pidió «ven conmigo»;
enamorarme de tu cintura
no estaba planeado pero acto seguido
me volví cada día un poco más adicto
a la sonrisa que me provocabas con tu sonido.
Sé que no eran las formas,
que aquel tampoco era mi estilo;
que no eran las razones indicadas,
que me comporté como un cretino;
el único por el que romperías siempre las reglas,
el único al que tomarías de la mano de camino al abismo.
Sé que no eran las formas,
que aquel tampoco era mi estilo;
que no eran las razones indicadas,
que lo prohibido se convirtió en algo palatino.
Y me crucé con esas grietas
en mi corazón herido,
prometiendo algo más grande que con franqueza
entregaría por completo a tus instintos;
que no eran las razones indicadas,
que me comporté como un cretino;
el único con el que romperías todas las reglas,
el único al que tomarías de la mano con todas tus fuerzas
rompiendo los caminos andados y fallidos,
rompiendo tus principios familiares y divinos,
—M.

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