Cinco Voces

No quiero mis nombres ni mi apellido apócrifo,
no sé si me quiero yo o si te quiero a ti;
no quiero discutir con religiosos crónicos,
me harté de la mentira, me harté hasta de mí.

Y no escatimé la furia diluida
cuando en otros cuerpos me fundí,
cuando dejé mi creatividad en bocas anfibias
que nunca ofrecieron placer, que siempre consentí.


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