Volvimos a escuchar
la misma voz que de niños
nos invitó a no intentar,
a obtener el castigo de castigos;
el de ser igual…

Volvimos a escuchar
la alarma para dormirnos
sin tener permiso de soñar,
como seres efectivamente diminutos
que sólo saben callar…

Pero esta vez todo fue distinto,
no sentimos ganas de ser igual;
rompimos decibelios sin sus gritos
y escapamos para nunca regresar…


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