Mutuatario (Canto de Agapornis)

No le llamaba por su nombre, porque su nombre no resplandecía tanto como su elegante porte. No le quería por su nombre, siempre le quise para que el desamor ya no me estorbe.

Parecía celestial, antropológicamente sideral; una ninfa en absoluto, un regalo terrenal que siempre resplandeció más allá de lo profundo. Parecía manantial, anatómicamente mineral; una brisa trotamundos que me solía acompañar.

Siempre le desnudé desde el oleaje hasta los pies; siempre supo que mis besos no eran interrogantes pero, quizás, sí que fueron rutilantes. Siempre le desnudé desde el amperaje hasta los pies; siempre supo que mis sueños no eran orientales pero, quizás, sí que fueron incitantes.

Nos tuvimos hasta el fin, hasta completar todo abecedario y al morir; como agapornis con un vínculo sin eximir. Nos tuvimos hasta el fin, hasta completar el mutuatario amor feliz.

Aún me visita en sueños, aún viajo a su raíz; aún no olvido sus años, aún existe para mí…

Blog Oficial de Messieral

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