Cuando los poetas
despierten al lobo
con su tormenta de hienas,
cuando sacudan feroz
las envolturas de cada estrella
y aprendan a ver sin color;
allí amanecerá voraz el poema,
sin miedo de todo, sin afán de calma;
como una colmena que cuida a su reina
sin esperar que esta le acaricie con delicadeza…
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Ciudad de Guatemala 12 de noviembre de 2,017

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