Furor

Ni el silencio,
ni la voz,
ni la sangre reseca;
en papeles de unicornios
mal teñidos respondí
que aquella enfermedad
se parecía tanto a un vicio
del que no descansaría en paz
hasta recomenzar su ciclo…

Y en oscuras tardes
sin ir de tu mano
aprendí a memorizar
cada rostro afligido,
lloré de rabia al pensar
en tus muslos tibios
tan lejanos a mi libertad;
y a sus ritos.

Quiero que sepas
y que sepan los motivos
que te han llevado a odiarme
que la luz no es un destino,
es en sí misma un camino,
pero a mí me tocó la oscuridad,
esa que asusta a tus párpados
y a tus seres más queridos
cuando el sol seduce la herida
y la hace arder con tal furor
que incluso la muerte pierde la vida…

Ni el silencio,
ni el amor,
ni la hermosa entrepierna;
en sudores anteriores prometí
que nuestra terquedad
se parecía tanto a un siglo
del que no quería escapar
hasta necesitar tus juicios.

Pero a mí me tocó la oscuridad,
esa que asombra a tus pétalos
y a tus sitios preferidos
cuando el morbo seduce avenidas
y las hace arder con tal furor
que incluso la muerte pierde la vida…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 21 de febrero de 2,018

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