Octubre
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El plan era sencillo, no podía ser tan complicado dejarte de adorar. ¿Cómo es que pudo salir mal?
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«Un día acabé con toda mi poesía, me deshice de todos mis poemas y comencé de nuevo».
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¿A dónde miran tus ojos? Me pregunto en las tardes, cuando finges ser feliz en un lugar que no puede darte lo que te di yo a ti.
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«Ya no tengo miedo de hacerme daño, ya no tengo miedo de convertirme en lo que en otras vidas tanto esperaba ser».
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Conoceré otras casualidades, otros placeres, pero nunca sabré qué es lo mejor de ti.
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Lo que es mío, a resguardo y protección, depende de mis motivos y mis ideas; lo que es mío no se daña, te juro, no se dañará.
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Estoy más lejos que ayer de lo que recuerdas de mí; todo es distinto y descosido de mi antigua piel, aprendí a ya no volver a prometer.
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Sus rubios cabellos recuerdo, incluso cuando, enamorada, buscaba razones para no perder la esperanza; y no volvió a encontrarla.
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El frío de octubre me trae la paz de cuando, al fin, te veía luego de tanto esperar…
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Te quise tanto una vez, y voy a quererte por siempre. Siempre te buscaré entre las multitudes, siempre en ese gesto que tanto mostrabas.
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Más allá de la muerte, del gran principio, de la siguiente causalidad… Volvería a amarte.
