El Jardín al que Juramos Todo Amor

Con el rojo del semáforo
se detuvo el viento y su adrenalina,
ahí estabas tú, me fue difícil reconocer
a la diosa que recordaba, ahora con ropa encima,
con los colores de la ciudad y restos de aquel encanto.

Tus uñas no iban pintadas esta vez,
de aquel escarlata que nunca olvidé,
pero la sonrisa era más amplia, más fresca,
como alma renacida de manzana
y quise recordar el aroma aquel que me idiotizaba
pero fue imposible entre tanta nueva sensatez,
entre tanta gente, entre tantas calles sin ayer.

No estuve dispuesto a perderme tu mirada,
esta vez no quise poner en tus manos más flores,
si acaso las semillas, para que veas un jardín crecer,
porque aunque el tiempo pasó llevándose todo lo que tuvimos,
aún te conserva aquel resplandor de excelsos sonidos
y sé perfectamente bien que me rendiría a tu amor
si no lo hubiese perdido entre tanta batalla, entre tanto colchón.

Pero quizás pueda ser tu semilla
y tú los climas para verme crecer,
para hacer latir de nuevo mi motor,
lleno de aquellos engranajes necios,
de aquel cielo de estrellas en fuego rojo
y las constelaciones de incordias desde otra canción.

Quizás veamos juntos resurgir el jardín,
al que juramos todo amor…

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 15/07/2016

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