Mujer de Fuego

Ardiente, como el lienzo primordial de tus contornos,
amante, como el retrato hablado de los cohibidos
y escapar de una mejor vez para estar contigo,
de labios más adeptos, de un vientre más tranquilo;
sobrellevar el equilibrio que trae el ruido a tu cuerpo
cuando desnudo me desdibuja del mal camino.

Sorprendente, como la emancipación del aullido,
mordaz, como esos colmillos afilados que el caníbal devoró
y que sea la lengua el pasadizo escurridizo
en el que una lágrima de sal se evaporó;
que nos dejen la locura de cobijo, parte de un absoluto abrigo,
a temperatura ambiente para no morir tan pronto si no estás conmigo.

Pero lloverá el amor en la primavera de tus miedos
y los míos izarán las velas de la embarcación, primero;
lo segundo ya dependerá del idioma en que nos muerdan los nudillos,
lo tercero ya dependerá del vaso en el que compartir el vino…

Ardiente, como mujer de fuego que resguarda mis trastornos,
delirante, como la facultad de crear vida con un amor y dos cuerpos;
llanto ajeno que rasga el alma como el grito de un dios a tu espalda
a sabiendas de que su viuda espera por una mejor razón muy de mañana.

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Ciudad de Guatemala 16 de marzo de 2,017


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Restos Sagrados del Fuego que Jamás Olvidaré

Que diminuta es la esperanza cuando tú te vas,
las auroras pausan sus latidos en el litoral
de secuencias que prometen la total oscuridad
y, de verdad, te digo que todo se descompone cuando tú te vas…

Pero cuando vuelves la paz la firman las gaviotas
con los peces que habitan el mar y las historias;
le crece nueva piel a las heridas de los puertos
y, si parece demasiado, también renacen verdes los boleros en su canto.

Porque cuando vuelves la savia del color de mi canción,
inmersa en un sueño que no olvida su intención,
recorre los cuerpos de obsidiana que los sueños imprecisos,
de tu amor y el mío, entregan a los cantos del recuerdo clandestino.

Como restos sagrados del fuego que jamás olvidaré.

©®MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 7 de marzo de 2,017

 

Te Diré Adiós

Sabe a que no
pero quizás sea mejor
no estar juntos;
tanta pasión,
tanto amor;
al final resultó
ser sólo desconsuelo
y un estallido sin color.

Sabe a que no
pero quizás sea mejor
no estar juntos;
tanto dolor,
tanto naufragio
y tanto mal sabor;
mil veces lo siento
y un espantoso error.

No lloraré,
para mí siempre hay más,
no extrañaré
las cosas que has roto al pasar
y entenderé
que, en mi poema, al izar
las velas no hay marcha atrás.

Te diré adiós
como se despide el carbón
del fuego que le quema;
y aprenderé de la incineración
que el tiempo pasa y el dolor no es verdad…

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Ciudad de Guatemala 10 de febrero de 2,017

El Tiempo que Arde el Fuego

Será de nuevo
el siempre que quisimos,
con todos los excesos,
sin miedos, sin delirios.

No habrá más reglas
porque seguramente
las romperemos todas ellas;
no habrá despedidas,
ni debilidades
porque seguramente
esta vez será para siempre.

Y cuando sientas que en mis brazos
estará siempre tu hogar,
no prestes atención, no hagas demasiado caso,
sólo disfruta ese instante, ese momento de frente al milagro.

Abstente de romanticismo,
no es urgente,
no llenes mi cama de rosas sin permiso,
no intentes abrigar mi corazón que tanto disfruta el frío,
ni te quedes mirando si no tienes nada que decir,
porque el tiempo es infinito pero no para latir.

Por si las dudas te aviso
que el siempre podría ser más reducido,
quizás así funciona el destino…

Tiembla bajo mi cuerpo
y si un día el huracán
se lleva todo sin dejar rastro
de nada, ni de la alfombra que juraba
ver nuestros cuerpos siempre unidos;
tú no hagas demasiado caso
y vístete tranquila que de esto iba el juego…

Y a veces es inevitable cambiar y cambiar el tiempo que arde el fuego…

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Ciudad de Guatemala 31 de enero de 2,017

Al Placer del Ébano

Decir te amo entonces,
y en resumidas cuentas,
es un derroche de obviedad,
de redundancia sin apartar mi mirada.

Decir te amo y la sangre al fuego,
lo que la muerte al placer del ébano;
como un cometa clandestino
que penetra la piel de quien ama,
en el idioma maldito y mezquino
de la ilusión que no existe, que amarga,
cuando el terciopelo del cielo desnuda un cuerpo
que no se parece al preciado anhelo a pliegos…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 18 de diciembre de 2,016

Ascuas de Hielo

Yo buscaba el amor
y su mirada perdida brotó,
se perdió de tanto mirar al sol;
pupilas calcinadas,
juegos tristes bajo el edredón…

Lloverá un día el invierno
sobre su cama sin luz,
estará triste cual zona
deshabitada y sin color;
merecerá alguna vez
su pena tragar un poco más
del licor que temió
y dudar de su temblor;
ascuas de hielo forjándole
una armadura de dolor…

Yo buscaba el amor,
ella era un antítesis perfecta
de aquel sentimiento que no le interesa;
yo buscaba su piel, también su corazón,
ella jugaba a la idiota tan bella sin solución…

Lloverá una noche el horror
sobre su raíz inexacta,
está tan terriblemente asustada,
deshabitada y sin calor;
merecerá hoy y siempre
su pena morder un poco más
del epitafio que ella sembró
a su vida adornada con ascuas de hielo
que le hacen llorar sin control…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 19 de diciembre de 2,016

A Fuego de Vals

Si estás pensando en venir,
toca despacio mi puerta, amor,
no alteres el silencio que quedó sin ti
y al verme bésame sin mayor explicación.

Dos polos opuestos a punto del contacto,
un beso ingenuo a punto de reiniciar
el universo, sobre un mantel, sólo para el amor…

Si estás pensando en venir
no traigas flores, corazón,
no rindas tus lagrimas a lo que murió
y al verme inicia la reconstrucción de esto que soy…

Dos polos opuesto a fuego de vals,
haciendo el amor con hermosa decadencia,
un augurio de tanta paz,
una ciudad manchada de tiempo,
licor de besos, amor sin frenos
y aquí a solas, tú  y yo… Sedientos…

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Ciudad Guatemala 10 de diciembre de 2,016

Con tu Fuego de Hoguera Principiante

Bésame con el verbo amar entre tus labios,
esta  noche que emula el tiempo de la luz,
yo te pienso princesa en cada momento
y no hay forma de olvidarme de tu sur…

Porque en tu beso va mi futuro adivinado,
con la buena fortuna que la vida me entregó,
si quieres pensar un poco más en la belleza
te diré que nada de esto es más bello que tú.

Por eso bésame con tu fuego de hoguera principiante,
con la inocencia que aún guardas en tu fin
y déjame recorrerte como a un mapa con mis ojos,
porque en realidad, eso de amar la piel lo sabemos muy pocos.

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 10 de diciembre de 2,016


POEMA INCLUIDO EN MI MÁS RECIENTE LIBRO DE POESÍA DOSSIER PARA UN EQUINOCCIO, SI AÚN NO TIENES MI LIBRO EN SU FORMATO DIGITAL PUEDES TENERLO ENVIANDO LA PALABRA LIBRO EN UN CORREO ELECTRÓNICO A LA DIRECCIÓN: messieral.dm@gmail.com (Válido hasta el 15 de diciembre)

Diciendo Por Sentir #28: Tú Escribes, Yo escribo

Te admiro y te respeto, porque tú escribes por hobby o por necesidad, por el gusto de decir bonito lo que ves. En tanto que a mí, si no lo hiciera, tendrían que cortarme las arterias, el alma y la voz para poder entender, en parte, en la sangre, la lágrima, el grito y el fuego por qué necesito hacerlo.

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Ciudad de Guatemala 24/08/2016

En la Casa del Buen Vino Popular

Puede una luz secreta tergiversar
el triste boceto de nuestra debacle,
cantar a la luna dos modales envejecidos
en la casa del buen vino popular.

Arreciarán las nubes su albura
postergando el incendio sideral,
venderán sus caricias por las esquinas
de un cielo irredento con sabor a sal,
la misma sal que puso al mundo sombras,
de manzana verde, para intentar sanar.

Ardid azul es tu mal amor,
tus caricias francotiradores desalmados,
no lo has notado pero hay un demonio
en la parte trasera del asiento en tu pasado,
ojalá que el tiempo anterior vuelva
y te lleve tan lejos de mi vida, tan afuera.

Porque mientras escribo este poema,
una lágrima de estrella pone triste al universo
y esa lágrima nace a mi favor, a mi tiempo,
como la última letra que aparece en cada libro,
esa que nutre o despedaza,
que es caricia o simplemente
el más hermoso de los tiros de gracia.

En la casa del buen vino popular
hay historias de tardes continuas,
un espejo levitando de amor
y ocho bayas cansadas de ti,
es posible que pueda existir
sin la fiera memoria de pena,
si es que acaso perdí mi andén
por andar contemplando tus cuerdas…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 24/07/2016

Poema de Paz Sobre el Carbón

El pequeño astrónomo no tiene
edad ni sustantivos para callar,
vive en un día sin nombre y ve
que la guerra no empezó en el mar.

Tras esos ocho vientres que parieron
la destrucción y el veneno, quedan
rasgos de un planeta en erosión
que rescató la lágrima de fuego.

El pequeño astrónomo escribió
un poema de paz sobre el carbón
y dio a su pluma un ion multicolor…

©MESSIERAL | Poesía | Sonetos
Ciudad de Guatemala 17/07/2016


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El Jardín al que Juramos Todo Amor

Con el rojo del semáforo
se detuvo el viento y su adrenalina,
ahí estabas tú, me fue difícil reconocer
a la diosa que recordaba, ahora con ropa encima,
con los colores de la ciudad y restos de aquel encanto.

Tus uñas no iban pintadas esta vez,
de aquel escarlata que nunca olvidé,
pero la sonrisa era más amplia, más fresca,
como alma renacida de manzana
y quise recordar el aroma aquel que me idiotizaba
pero fue imposible entre tanta nueva sensatez,
entre tanta gente, entre tantas calles sin ayer.

No estuve dispuesto a perderme tu mirada,
esta vez no quise poner en tus manos más flores,
si acaso las semillas, para que veas un jardín crecer,
porque aunque el tiempo pasó llevándose todo lo que tuvimos,
aún te conserva aquel resplandor de excelsos sonidos
y sé perfectamente bien que me rendiría a tu amor
si no lo hubiese perdido entre tanta batalla, entre tanto colchón.

Pero quizás pueda ser tu semilla
y tú los climas para verme crecer,
para hacer latir de nuevo mi motor,
lleno de aquellos engranajes necios,
de aquel cielo de estrellas en fuego rojo
y las constelaciones de incordias desde otra canción.

Quizás veamos juntos resurgir el jardín,
al que juramos todo amor…

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 15/07/2016

Al Cantar del Resto de los Inviernos

Recién llegado del fuego original me vio diciembre,
en un acto de ternura, magia intacta en los silencios,
devoción a la palabra y ocho gramos de dulzura
acordonando la escena del más bello de todos los inviernos.

Calló el muro y su arrogancia disparatada,
cayó el muro y con él cada vieja desesperanza.

Correrían todos los ríos en dirección al mismo sur,
pero hay lugares tan secretos que cambian de dirección
cuando un paso oxidado restablece su andar consolidado,
porque fui creciendo, soñando menos dormido que despierto,
abriendo el alma y los antojos a tantos amores buenos.

Es indudable el error humano, la soledad de tardes blancas,
el encanto de verbena, cuando te sientes inmortal con seiscientos
dólares cada mes entre las manos, justo antes de perderlo todo,
y gritará un nuevo silencio cuando lo material se aleje demostrando
que lo más importante no se compra con papel impreso, ni con oro fatuo.

Yo le besé las manos a una diosa que no existe, le juré promesas crueles,
me llené el alma del antojo del idiota compromiso de crecer
y perdí mucho tiempo antes de encontrarme, antes de volver.

Más no está por mal perdido el tiempo en el que aprendes
a amar de frente, a mirar los ojos de quien lo merece,
a palpitar sólo por lo que sientes, sólo por lo que quieres.

Me está gustando tanto vivir el día a día sin finales,
reinventar caminos olvidados que eran los verdaderos,
agendarme a diario una cita clandestina con la belleza de mis antiguas amantes
y saborear lo hermoso de la vida, de mi corazón sus manantiales,
poniendo fin a la dictadura obsoleta y tangencial de la tontería
que gritaba en mi cabeza, a favor de pensamientos mentirosamente anacronistas.

Y volarán libres al cantar del resto de los inviernos,
los versos que de mis puños arrancaron mis sangrientos
instantes solitarios, en los que me hice grande sintiendo,
volarán a infinitos kilómetros del césped los recuerdos
que anidados en mis secretos hoy me abrazan boquiabiertos.

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 11/07/2016

A tus Pasos sus Comparsas

Fuego subrayado en el nido del corazón,
la tristeza no está diseñada para mí,
un verso graduado en coma cuatro de etanol.

La lluvia no era el llanto de Dios,
ardía en la tierra de la que broté
y por la injusticia de lenguas bífidas
es recurrente afirmar nuestra inocencia,
decir que nuestro miedo no retrocede
pero se percata de las salidas de emergencia.

Y correrán los tigres por el centro de la ciudad
que diseñaron para mí, con terca crueldad,
morderán las pieles póstumas de mis decepciones,
dicen que hay un mundo para artistas y canciones,
dicen que pasa la pasa en sus arrugas arrogante,
yo creo que si me escondo será menos perpleja
tu mirada fija en mi olvido tan distante y diferencial.

Ojala que las penas no muten en más rabia.

-Ojala que no se presente a tus pasos mi venganza.

Tú llora una alabanza tenue y de reconciliación,
que hay palabras que no dicen nada, con razón,
tiembla un poquito si se acerca esa palabra que dice mucho,
que hiere un cielo pero dice la verdad, por favor.

Ojala que las fieras no muten en venganza.

-Ojala que no se presenten a tus pasos sus comparsas.

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 06/07/2016


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De Aquellas Noches de Perseidas

De aquellas noches de perseidas
sólo queda el recuerdo imborrable,
un sollozo agostino de luz
y esas ganas indomables de volver
en el tiempo a la cruel ciudad de la cruz.

Porque las calles empedradas no contaron a nadie nuestro secreto
y nunca se escribió un libro de romance en honor a nuestro encuentro,
no lloró de emoción estrellas, San Lorenzo, de la única emoción
de que eran capaces nuestros besos, cada tarde y ovación.

Ya no bastará esperar a una vida siguiente
para atentar contra la voluntad divina,
quiero tenerte conmigo, que el cosmos sea inminente
y que vuelvas convertida en la Flor de Liz capaz de transformar.

Podrás escapar conmigo en un tren que nos lleve
a las ciudades que bautizamos como nuestras,
a los primeros tímidos besos en aquel —Para Siempre—
que nos abandonó sin cobardía pero con tanta incertidumbre.

Podré pedirte que nunca te alejes,
diré que soy capaz de aceptar tus preceptos
y olvidarme de toda rebeldía que recorre
los rincones inhóspitos de mi sangre,
prometer cantar tus canciones, versar tu amor
como un loco desesperado que sonrió a su tentación.

Podremos volver, empezar de cero como pedías,
como siempre quise, aunque nunca lo afirmé,
ángeles y estrellas, demonios y cometas,
será una fiesta sideral de colores precisos
y será un honor de tu mano conocer los misterios
de las vidas que nacen, lentamente, renovando los cielos.

Pero llueve como fuego desde el cielo hasta mi alma,
llévame al infinito más probable, no te sueltes de mis alas,
porque sólo tú has sabido conservar indelebles mis huellas
sobre tu piel que aún me llama en las noches de perseidas.

—Te he escuchado—.

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 02/07/2016


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