Acorde de Tónica

Me dijeron que de escribir no se vive
y no sabían que vivo para escribir,
si a los veintiocho la muerte me persigue,
qué más me da, ya tengo listo un verso para el fin.

Si las gaviotas no se dignan a volver
a esa ceremonia que toda mi vida odié,
estará bien, con sus dedos alguna vez
me recordarán y la manera en la que amé;
porque si acaso se olvida de mí la marea
será por notar que no pudo borrarse mis huellas.

Y habrá otro verso que inventaré,
cada mañana entre los árboles,
entre la hiedra y la espera de un soñador,
a la vera del más puro acorde mayor.

Ojalá que abran la luna,
que demuestren su centro,
la valentía es lo que vive dentro
y no es de cristal el lago más bello
pero sí el recuerdo del mejor de mis besos.

Si la mujer, del lunar de roca,
no se digna a confesar que aún escucha
mi voz pidiéndole con toda claridad:
«Quítate ya la ropa que nos abriga la aurora»,
no importa, yo la veré en el hotel siempre a solas,
cantaremos las mismas notas;
y una canción repetirá a las mismas horas
esa verdad que ella guarda en su boca.

Y si la muerte se olvida de ella,
que se compre la falda que vio en nuestra acera,
que sepa guardar la compostura
y que se olvide los junios, la lunas
así como una lágrima desdibuja…

Me dijeron que de escribir no se vive,
que de escribir no se muere tranquilo,
sin saber que para escribir es que vivo
y para recordar, que es imposible olvidarle,
me he dejado recordatorios en cada Sol errante…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 8 de febrero de 2,017

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