Palabras en Versos que Nunca se Detienen (El Ancho de tus Pupilas)

Construir,
sabes que me espera la gloria
que nadie podrá ver;
resistir,
empecinado en la misma
e intensa idea de sentir.

Un alma sin descanso,
con acordes de contrabando,
juego limpio sin remedio
y la clausura de otros cuantos
sueños comprometidos al desencanto.

Porque amor es amor, de amor a la palabra
o al arte de la piel, que sin calma
va abarcando por completo su escenario;
y no porque lo digan los sabios,
si en realidad es cuestión de cansancio,
de inconformismo al frente de los ventanales de palacio.

Me morderán la piel las musas de alguien más
que ha creído que la suerte siempre es suficiente;
cuando en realidad el secreto siempre ha sido no detenerme,
continuar sin descanso hasta que el alma me reviente.

Arriba será abajo, abajo será el cielo,
mis extremidades lo son de un beso
que dejó marcado un diciembre
en la boca de algún presente impertinente.

Y cantar, redactando una vida,
saborear el ancho de tus  pupilas,
encender el mundo que con su herida
está destinada a ser la misma intrusa espina.

Bebe, no te detengas, come, son todas frutas;
el fuego entrega sus ascuas silentes
a las almas que arden al centro de muertes futuras,
como arderán mis palabras en versos que nunca se detienen…


EPÍLOGO

Lo que te apasiona devendrá en una dulce condena de tener que trabajar sin detenerte para merecer la atención de tus lectores u oyentes, lo importante es no rendirse, lo importante es continuar mientras la mayoría descansa; lo importante, en realidad, ¿Qué es lo más importante?.



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Ciudad de Guatemala 29 de diciembre de 2,016