La Estación del Amor no es Estación…

La estación estaba cubierta por una densa neblina, el frío esa mañana se podía tocar y, si no se tenía el cuidado suficiente, el cúmulo de cristales rotos en el aire, invisibles pero mortales, te podía cortar la ilusión… Hay ojos cansados de lágrimas de tantos adioses, de despedidas inevitables, que un día dejan de mirar al andén de la esperanza. Pero ahí estaba ella, sentada en la misma banca desde hacía 3 días, 8 horas, 36 minutos y 45 segundos, mirando su reloj cada ciertos suspiros y dibujando iniciales en la niebla, sangrándose los recuerdos con el frío, secándose las lágrimas con su propia tristeza… Había un tren que llegó a ese anden sin el equipaje de su corazón, y se seguía preguntando si todo estaba bien, si él estaba bien… Si quizás lo demoró una inesperada fortuna y sólo debía esperar unas horas más… Pero del otro lado, había una historia que nadie nunca le iba a contar…

Hay canciones que se han ido con las olas del mar, que no se volverán a cantar y hay sonrisas que se fueron, dejándonos desprotegidos, pero que un día volverán, volverán a devolvernos la felicidad. No había más que entender, otra historia más llegaba a su final y no era culpa de nadie, los trenes seguirían llevando y trayendo historias como almas, el mundo seguiría rotando sobre sí y el viento cambiando de temperatura con las estaciones.

Esta vez no volvería, el tiempo es implacable con quien no es capaz de luchar por lo que dice que ama, a punto de abordar el tren, alguien más volvió a él, le tomó la mano y sin tener que prometer mucho más, con una sonrisa de verano en pleno invierno le devolvió el color a su sonrisa, llovía pero, en aquel beso resurgido, el amor hizo primavera en los latidos de los dos. Es mala estrella dejar esperando a quien nos espera o la mejor de las fortunas amarrar el corazón a quien vuelve para restaurar la incompleta parte que ante la duda no cicatrizó. Y no es culpa de nadie.

Una chica en la estación esperaba a su amor, tanto esperó sin moverse del lugar, obviando la opción de tomar el siguiente tren para ir a la ciudad de su amado para encontrarle y dejar de dormir en la eterna interrogante. Y él fue alcanzado por la saeta más hermosa de su existencia, de su pasado, la que volvía del lejano territorio de los vuelve y como te extraño en las tardes de jueves…

No hubo opción y se abrazó a quien estaba frente a él, no a quien se quedó en la inmóvil e inepta quietud de la cobardía… Y no pasa nada, y pasa a diario, y el culpable no siempre es quien arremete, a veces es quien no se mueve el que comete el peor de los daños.

Y en verdad, aquel andén no los volvió a ver juntos jamás… Y quizás fue mejor dejarse de preguntar cómo es que la vida se tuerce tanto al final… Porque pierde siempre quien deja de luchar, porque luchar no se trata sólo de querer alcanzar, es tomar ese tren cuando la espera no es promesa de que todo va a mejorar… Si vas a vacilar demasiado, es mejor que lo sepas desde ya, te vas a perder la mejor oportunidad de hacer feliz a quien una vez lo dejó todo por ti.

La chica se levantó de un salto de su cama, aún con su melena enredada de las malas sensaciones de su pesadilla, lo tenía todo claro. Tomó el teléfono y llamó a su amado: “Cariño, no vayas a ningún lugar, espérame, estoy saliendo a tu ciudad…”

Luis Eduardo (Messieral)
En colaboración con Ana Romero (Versos en tu piel)
Domingo 24/04/2016

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