Prosa
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Quienes tanto amo han estado aquí, acompañándome para acompañar de modo adecuado a quien más necesitó de mí.
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No sé qué ocurra después de mañana, y tampoco me importa demasiado. Pero puedo asegurarte que me llena de orgullo saber que lo estás logrando, que esto podría llegar a ser para ti una forma grandiosa de volver a nacer.
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La enfermedad podría ser el milagro más inoportuno y también necesario cuando nuestras almas se enfrentan a rencores incontrolables; quizás nos ha vencido la grandeza, y era hora de apreciar las cosas más pequeñas.
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Algo está cambiando, tan abruptamente que aceptarlo se vuelve necesario, algo está cambiando, y me sorprende: mansedumbre en esta piel, la fortuna como suerte de clavel.
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Todavía una sonrisa, reservada para ese momento: el de la grandeza, o para morir en el intento de alcanzarla. Prediseñé en un mapa mental lo que debía ser, y así fue, exceptuando tantas muertes inesperadas; lo demás, lo deseé.
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Mis manos son fuertes, pero ya no están interesadas en sujetar. Si no eres capaz de comprender mis palabras, no te las diré…
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El vaho volverá a ser visible cerca de nuestras bocas, pero nuestras bocas no se besarán esta vez. No se puede temer a la muerte después de morir tantas veces, después de dejarte de ver.
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Otro film de horror en soledad, otro octubre, una nueva vuelta a comenzar. Qué enorme es la cantidad de tiempo que se pierde intentando pertenecer a un lugar al que no se pertenece.
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Me conoces, no sé lidiar con lo que no me hace sentir cómodo. Fui amante de mis amantes hasta el momento en que no quise ver reducidas a cenizas fantasías tan sublimes. La lógica del escorpión: retirarse en el mejor momento, la caída no tiene emoción.
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No estaba pensando en otra cosa, yo sabía que iba a estar aquí. Como si siglos antes hubiese pisado estas tierras, esta hierba, esta paz…
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En cada calle por la que transitas, de la mano de quien te seas infiel, sigues suspirando con la misma alegría cuando aparezco en tu mente por un asunto que va más allá de la piel.

