Uno Mismo

Era una mañana como cualquier otra
pero con la mirada más abstracta,
allí te encontré rodeando mi espacio
con el leve silbido de tu espera.

Me esperabas de una vida anterior
y yo no supe responder otra cosa que sí,
a la intención pletórica de tu voz.

Me enredaste la vida con los pormenores
de tu piel y el eclipse de luna en tus ojos,
me tildaste de platónico por lo inalcanzable,
sin darte cuenta de que me tenías atrapado.

Intenté besarte los labios y fue imposible,
imposible besarte los labios, toda tú eres alma,
y quise quedarme a vivir en tus hombros
pero me deslicé despacio a tus pechos,
que hoy me abrigan como hojas a su otoño.

Me esperabas de una vida anterior
y yo no supe decir no a la costumbre
de fascinarme por lo extraordinario,
por lo increíble e inconsumible.

Te esperaba de cuatro calles atrás,
de cuatro historias de amor en las que no estuviste,
te esperaba de seis lunas atrás
en las que siempre bordear tu silueta quise…

De vidas anteriores, de calles adyacentes,
de vientres de ocasión y bulevares al olvido,
te esperé, me esperabas y ahora somos uno mismo…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 31/03/2016

Uno mismo por Messieral

Lisboa

Avanzaban sus pupilas de aceituna por Lisboa, ese faro hermoso asimilaba su niñez, tarareaba una canción que tenía alas y le alejaba de la costa por encima del mar. Le sonreía a los niños de una plaza, se quedaba pensativa tan cansada, susurrando despacito un nombre dulce a la brisa que lo repetía con la voz casi apagada.

Era todo un universo decorado por las pecas en su espalda, la belleza de adoquín ella no la escondía y aunque la vida parecía tan esquiva, en el pecho una luz aún se le encendía. Se llamaba como tenía que llamarse, el amor se le hundía lejano en el centro de mil olas de arena movediza, pero aún así no había razones para enfadarse al estar de frente a las parejas que pintaban, en los atardeceres, su pasión.

Podrás adivinar que su cuerpo roto estaba sostenido por hilos que pendían de la esperanza,
que sus manos sí sabían acariciar, aunque nadie las supo cuidar a ellas; es que a veces son las almas más hermosas las que deambulan, en total silencio y soledad, por las calles en las que a diario uno respira.

Morena, de obsidiana tan intensa, dónde dormirá tu río de azucenas y dónde aquel hijo que tuviste aquel enero, el que nació dormido y aún no despierta. Donde sea que se encuentre, seguramente, sueña con tu aroma, con hacerte un poco más feliz la vida y más corta la herida.

No hablas de tus lunas antiguas, ni de los veranos a punto de amarlos, ni de las mariposas estrelladas contra tu pared; ese lunar en tu alma es una cicatriz que nunca acaba y es un milagro para todas las personas que te cruzan por la calle o por la playa, cada vez que esbozas una sonrisa, aunque ellos no lo sepan…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 3 de enero de 2,016

En la Casa del Buen Vino Popular

Puede una luz secreta tergiversar
el triste boceto de nuestra debacle,
cantar a la luna dos modales envejecidos
en la casa del buen vino popular.

Arreciarán las nubes su albura
postergando el incendio sideral,
venderán sus caricias por las esquinas
de un cielo irredento con sabor a sal,
la misma sal que puso al mundo sombras,
de manzana verde, para intentar sanar.

Ardid azul es tu mal amor,
tus caricias francotiradores desalmados,
no lo has notado pero hay un demonio
en la parte trasera del asiento en tu pasado,
ojalá que el tiempo anterior vuelva
y te lleve tan lejos de mi vida, tan afuera.

Porque mientras escribo este poema,
una lágrima de estrella pone triste al universo
y esa lágrima nace a mi favor, a mi tiempo,
como la última letra que aparece en cada libro,
esa que nutre o despedaza,
que es caricia o simplemente
el más hermoso de los tiros de gracia.

En la casa del buen vino popular
hay historias de tardes continuas,
un espejo levitando de amor
y ocho bayas cansadas de ti,
es posible que pueda existir
sin la fiera memoria de pena,
si es que acaso perdí mi andén
por andar contemplando tus cuerdas…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 24/07/2016

¡MESSIERAL ALCANZA + 10,000 VISTAS!

QUIERO AGRADECERLES DE TODO CORAZÓN POR SUS VISITAS A MI BLOG, QUE HOY HA SUPERADO LAS 10,000 VISTAS, ES INCREÍBLE TANTA SATISFACCIÓN EN A PENAS 4 MESES. MUCHAS GRACIAS POR TANTO Y POR TODO, LES DESEO ÉXITOS Y BENDICIONES EN TODO CUANTO EMPRENDAN, UN ABRAZO HASTA DONDE SE ENCUENTREN.


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(Como hay lectores y lectoras de este blog recientes, que no estuvieron durante los dos primeros meses, estaré reblogueando un escrito diario de los antiguos para que puedan leer más de mis inicios en este blog) ¡Saludos!

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 12/06/2016

De No Estar Solo

Nunca supe escribir amor en silencio,
el instante preciso de un beso
fue siempre, para mí, el paraíso en su verso
y dos cositas que siempre te dije al oído
resulta que eran verdad después de tanto.
No te apures que mi abrazo no lo borra el tiempo,
lo sabe la estrella más roja de todo el firmamento
y una acróbata satisfecha con número y tres sueños.
Nunca supe escribir amor en completo silencio,
sin el sonido de alguna canción no tiene sentido,
a mí me gustas tanto que no sé describírtelo
y si acaso logramos entendernos que nos cante el viento,
porque ha nacido en mi interior una sonrisa,
no prometo una mejor versión sino hay sintonía,
me gusta tu aroma de orquídea, tu pasión por la ironía
y si quieres saber soy capaz de exponer esa herida.
No te apures que mis caricias no las borra un ciego,
lo sabe el vocablo bendito que augura tantos portentos
y una simpática chica de piel morena de quien fui aposento.
Yo no quiero escribir amor sin sus gritos de euforia,
sin orgasmos y sin redoblantes de qué sirven esas tardes,
en las que se promete a la luz de la luna una que otra mentira.
Nunca supe decir te perdono, porque en realidad no sé cómo,
no me siento capaz de cantar a la sombra de un árbol
todas esas historias de gente que se amó demasiado,
todas esas historias de gente que se odió a fríos daños…

Y a pesar de todo, aún me habita el alma de un monje
que tiene la fantasía sexual de no estar solo y que no cede.

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 04/06/2016

Los Trozos de Piel que me Resten

En el final de mis líneas
que me juzgue la poesía,
si es que a su favor hice bien,
si es que a su favor hice mal,
yo no puedo dejar de escribir
mientras el duende que me habita
siga accionando la maquinaria
que me obliga a latir dentro de estas llamas.

No puede paralizar cosa alguna
la necesidad de amanecer la palabra
en un ser que vive de letras
y canta en todo momento a las brasas.

Lloveré los trozos de piel que me resten
sobre el folio que espera impaciente
por un nuevo verso de amor consecuente
o las penas que no pueda llorar y alimente.

Freirán mis huesos en ascuas intensas como la nieve,
de mis cenizas se hará un dulce collar dibujado
por finas manos de ciento cincuenta mujeres.

No puede paralizar cosa alguna
un alma que vive de historias,
que actúa en su teatro a diario
crueles coincidencias de una vida
absoluta que no quiso descanso.

Si el poeta no deja de respirar
no puede detenerse la línea,
si el poeta no deja de amar
no puede perderse la vida,
a mí un lunar del hombro de una señorita
me enseñó que hasta el último beso nada se marchita.

En el final de mis líneas
que me juzgue la poesía,
si es que a su favor hice bien,
si es que a su favor hice mal,
yo no puedo dejar de escribir
mientras el recuerdo que me habita
siga accionando la maquinaria
que me obliga a evocar dentro aquellas aceras,
en las que rumbo al lago besé aquella boca sincera.

Y yo arderé en mil corazones
que no serán igual al de ella,
y anidaré en ojos brillantes
que no podrán ver en mí
todo lo que al elegirme vio ella,
que me juzgue y me guarde
un trocito de su inocencia,
que me juzgue y me salve
de todo olvido, de toda ausencia.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 20/05/2016

Carta con Destino a Berlín

Ich weiß, Berlin, Ich werde euch vergeben, Ich fand mich…

Conoceré Berlín te lo aseguro, el frío me hará un espacio en el centro de su corazón y un abismo de dudas se disipará, dejando pasar la claridad a la orilla de mi alma.

Sentiré el viento helando los murciélagos antiguos y cada mal recuerdo de dolores artesanos, habré olvidado, porque es tan fuerte el deseo de cumplir un sueño único, que podría olvidarme incluso de los vidrios que pisé hace lunas, con tal de librarme del suplicio que supone mal vivir.

En los días posteriores coseré mi corazón con el hilo de mi aprendizaje, sabré amar en idiomas distintos, ya no me preocuparé por la razón de mi existencia pero sí por existir de la mejor manera, aunque parezca mentira, surtiré la alacena de mi alma con las formas de perdón más sinceras y viviré con la paz que ahora mismo no tengo.

Lloraré, si es preciso, a los pies de la montaña del romance prematuro, quizás entonces pueda verte detrás de la puerta grande, por el centro del pasillo sonreír de maneras tan hermosas que incluso la aurora sienta celos de ti. Me quitaré el sombrero a tu paso y aplaudiré a los contornos de tu cuerpo, por su hermosa excelsitud, por el recuerdo encamillado de mis manos en tus bordes, de mis labios en las noches, encerrados, en la cama más intensa de cada bocanada.

Conoceré Berlín y entonces me habré encontrado, entenderé cada acto y cada paso que di hasta encontrarle, entenderé los porqués salteados del desastre, de la pérdida y falta de tiempo a la que siempre aludimos en forma de excusa inconsonante.

La cerveza, el chocolate, pero avistar nuevo plumaje, toda cortesía obtenida por sabores clandestinos venideros, talvés lluevan canciones en el centro de mi cuerpo, y un tatuaje con las iniciales de la que siempre amé aparezca o desaparezca, depende tanto del clima mi gana de sentir, depende tanto del viento mi gana de escribir.

Conoceré Berlín, en algún momento, te habré perdonado ya por el tiempo, que me hiciste anteponer a lo hermoso de vivir, por estarte queriendo…

Te veo en Berlín o no te veo más, de cualquier modo, supongo, que será conveniente sonreír.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 12/05/2016

Doce mil no me olvides, suéñame tú…

Pasé bajo tu balcón, no es usual que una chica,
con el sabor de tus labios, se fije en mí cuando camino,
porque parezco tan distraído, tan ensimismado y frío,
porque parezco solo y sin principio, solo y precipicio.

Pero ahí estaban tus ojos observándome los pasos
y en tu camino pintaba, ya, un trazo de color romántico,
un clarinero de azules ramas y algunas noches a la luz de lo incierto.

Me llevaste a los pasillos de tu cuerpo, me ganaste con besos de tu tierra,
las historias más bellas las contaban tus cicatrices por las que viajé,
un minúsculo defecto en tu forma de mentir y dos besos al aire para mí,
un jardín de premura, cuatro años de sombras por ocho de felicidad
y es así, como gasto la vida amándo tu sombra particular, tu hermosura,
tus terribles ataques de celos, tu mala costumbre y tus mejillas de pan.

Me llevaste de la mano hasta el cansancio, te inundaste con sal de mi mirada
y recuerdo, muy bien recuerdo, ese verso secreto con tu letra en mi comenzar,
un regalo de amor para un ciego, un te voy a amar para siempre en un alma,
cinco formas distintas de volverse mar y dos suspiros de niño agotado con ganas de más.

Así eres tú, así soy yo, mis pasos por delante de tu balcón, mi tacto en tu caricia,
una veintena de ideas para hacerte más feliz, doce mil no me olvides, suéñame tú,
un debate por la izquierda o la derecha del colchón y un mágico mundo de dos en tu voz.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 18/04/2016

Uno Mismo

Era una mañana como cualquier otra
pero con la mirada más abstracta,
allí te encontré rodeando mi espacio
con el leve silbido de tu espera.

Me esperabas de una vida anterior
y yo no supe responder otra cosa que sí,
a la intención pletórica de tu voz.

Me enredaste la vida con los pormenores
de tu piel y el eclipse de luna en tus ojos,
me tildaste de platónico por lo inalcanzable,
sin darte cuenta de que me tenías atrapado.

Intenté besarte los labios y fue imposible,
imposible besarte los labios, toda tú eres alma,
y quise quedarme a vivir en tus hombros
pero me deslicé despacio a tus pechos,
que hoy me abrigan como hojas a su otoño.

Me esperabas de una vida anterior
y yo no supe decir no a la costumbre
de fascinarme por lo extraordinario,
por lo increíble e inconsumible.

Te esperaba de cuatro calles atrás,
de cuatro historias de amor en las que no estuviste,
te esperaba de seis lunas atrás
en las que siempre bordear tu silueta quise…

De vidas anteriores, de calles adyacentes,
de vientres de ocasión y bulevares al olvido,
te esperé, me esperabas y ahora somos uno mismo…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 31/03/2016

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