En tu Nombre a Fuego y Carbón

Quizás ya lo sepas interpretar,
quizás ya me conozcas suficiente,
alto y detente, cariño,
que no necesito París para hacerte volar,
ni una Disneylandia de caramelos para hacerte soñar.

Yo no soy el aburrido príncipe azul
que no sabe arrancar bien un corsét
a muñecas terriblemente bellas como tú,
yo no soy el idiota que prefiere
un par de fotos tuyas sin la ropa, que la presencia de tu cuerpo,
dedicar a tus curvas el mejor de mis presentes perfectos,
de mis pronombres posesivos, a los que quiero anclarme,
no es capricho, es un lujo que ahora quiero darme.

Porque quizás lo recuerdes con frecuencia
y escuches mi voz hasta dormida,
quizás no me conozcas suficiente
y todo resultado de mi suma pueda sorprenderte,
porque no necesito Nueva York para nevarte la ilusión,
ni mil excusas para avanzar en tu nombre a fuego y carbón,
ni mil mentiras para calcinarme los miedo en tu nombre, mi amor.

Yo no soy el santo de la devoción de ninguna criaturita,
ni el que promete no tocar ante cualquier angustiada negativa,
porque estoy hecho de fuego y quemo, del corazón prerrogativa,
y un duende dueño de tus piernas, de tus melancolías
que se ha bebido a sorbos los gajitos de tu alma, de tus mandálas suicidas.

Vuela que al tomar mi mano, no vuelves a tocar el piso
y si te dejo caer, vengativo, te juro que por ti vuelvo,
vuela que al probar mi fuego, no vuelves al tonto desperdicio
y si te dejo con hambre, vengativo, te juro que será sin compromiso.

Traga un poco más, lava volcánica calcina tus errores de años negros,
siente en tu interior, este fuego que sólo yo tengo, años venideros
en los que olvidar cada mal puerto y marinero que no te llevó a ningún lugar,
que no, que no necesito más ciudades para hacerte despertar,
que hay un plan hermosamente maquinado para hacer explosionar
media vida y medios cielos en que no poder volar, un nafruagio infinito,
autoatentado aterrador y un misil escurridizo que no detecta tu oración.

Trata, trata un poco más, que se acaba el gris silencio
y te llueve mi alma entero entre tus piernas de algodón,
soy un diablo y no un tormento, un tormento y no un disfraz,
soy de todo lo más bello que pudiste saborear.

Traga y trata un poco más, que no voy a parar,
grita y vive como si al final encontraras tu lugar
pues si marcho a la deriva, no me pierdo y soy semilla,
del naciente y popular, canto infinito que se atreve a levantar
esa falda colorida de la princesa de obsidiana que yo quiero amar.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 25/05/2016

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