La Herida que Siempre es Mortal
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Te vi en televisión, suerte de vestido y de algodón; lucías tan contenta después de la tormenta, de los besos que olvidados corrieron agonizando a los brazos de la cansada costumbre, tuya, de dudar. Y entre los adornos que en tu vida decidiste colocar, vi una lágrima perdida que no sé si era de verdad; pero…
