Entre las Cuatro y las Cinco de la Tarde

Entre las cuatro y las cinco de la tarde hay un problema,
un momento en que todo se frena, un ritmo distinto al latir,
la lluvia no arrecia, se estanca en el paralelo obtuso de la mala fortuna
y un cangrejo se marcha del mar, quiere mudarse a vivir la ciudad,
dejar de una vez de ser un adorno que alguien eligió para la arena y la sal.

Entre las cuatro y las cinco el bostezo de Dios ilumina los cielos,
le abre el telón a los constantes, ensombrecidos, caprichos de la humanidad
y besa una abeja a su flor por última vez, resguarda para otra ocasión la canción
de adiós que aprendió en su colmena de oro, entre un socialista destello de asombro.

Me puedo quedar a esperarte o marcharme,
me puedo encerrar en la plaza a beber,
te puedo decir lo mucho que me encantas
o de una vez por todas hacer de tus sueños puré,
me puedo gastar el corazón con preguntas
que estoy seguro no vas a responder
o puedo llenar mi ovación de dulce guapura,
echarme a correr a tu encuentro otra vez.

Me puedo guardar en tus ojos hermosos,
dudar de la palabra en tus labios carnosos
o hacerte saber que tu templo es presagio
de mi buena ventura rodeado en tu aliento,
que quiero quedarme a habitar tus momentos,
llenarte los ojos de imbatibles recuerdos,
perdonarte la ofensa, gritar soy de ella
por si acaso la fauna y la flora resuellan…

Te puedo mostrar el amanecer de mi historia,
resucitar en tus manos un pececito anhelado,
llenar tus bolsillos de pelo sedoso de gato
para que acaricies su buena fortuna a ratos,
te puedo comer las más bajas pasiones
e invitarte a recorrer todos los callejones
hasta que no puedas comenzar un paso más
porque te apartan mis brazos y mi cuerpo
del callejón sin salida y de la salida opcional.

Espero que aprendas, mi vida, el precio de saberse quedar…

Porque entre las cuatro y las cinco hay un gran problema,
yo quería irme para siempre, tú comenzaste a decir la verdad.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 07/05/2016

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Libídine Expertiz un Día de Muertos

Sucedió la tarde del día de muertos, a las cinco y doce minutos de la tarde. Ese día nos encontramos temprano en la mañana, me miró en el umbral de mi puerta, la tomé por la cintura y la atraje a mí…

–Hola doncella tienes las líneas de dientes con que quiero drogarme
y la lengua que quiero atestiguar-

Sonrío con las mejillas enrojecidas, tomó la base de mi cinturón y caminó dentro de mi casa con la mano ocupada, entró en mi habitación cual si fuere propietaria, se sacó las botas de cuero y el sombrero de negro dragón, las plumas de zafiro no eran nada comparados con sus cabellos de capricho. Aparcó en mi cama.

Me encantaba con su magia y con el iris en sus ojos tan negros, como los prefiero, esa tez blanca de albinas flores y el aroma inolvidable, más que elegante, de guerrera insumisa. Se llamaba más bonito que todas, diabulous in música era su favorita y me miraba con esa risa tan herida, con esas manos tan vacías, con esas ganas de llenarse de mí. Y la llené…

Besaba tan elegante, tan portentosa, tenía los labios sumidos en un encanto crepuscular y el movimiento de su beso era cadencia de serpentina sensualidad, su aura seguro era de rojo con acres visiones, no puedo negar que nunca pude jurar en su presencia cosa alguna, toda su imagen perfecta e imperfecta y su fríos cometas me llenaron la vida de mordaces tardes inmortales.

La desvestí como el expertiz en que me convirtió la vida intensa, de frente a su cuerpo desnudo supe que no hay nada más perfecto, ni pechos más exactos, ni caderas más extremas, que no hay droga más meticulosamente diseñada para los delirios de mis ganas.

-Mécete sobre mi cuerpo como si fueras la luna pendiendo de un hilo,
lo que sentirás entre tus piernas te hará olvidar por un rato el abismo-

La sostuve entre mis brazos por un buen tiempo y la pared resistió con cada golpe de cuerpos en ella, la intensidad fue más que fuego, era sortilegio maléfico de refulgente apetito. No saciados seguimos, continuamos, nos devoramos del centro a los extremos, nos besamos elegantemente y con la cadencia de una composición seráfica. Sudamos fortuna líquida y nos entregamos de manera tal, que no quedara apocalípsis en  agenda, nunca me llamaba por otro que no fuera el segundo de mis nombres. Sin duda, ella tenía un nombre más bonito que el de todas.

Conocía los prodigios de las estrellas, no le tenía miedo a la muerte y supo adaptarse a mi deseo, el sexo fue exquisito como un alimento extravagante en refectorio capricornio, se llenaba los labios de mí, me encendía con el roce a penas de las manos y su secreto lo he guardado en la cobija descorazonada de verdes neones medianeros…

En fin, lo que quería contar es que ese día, a las cinco y doce minutos de la tarde, aprendí lo que significa la palabra entelequía, cuando después del libídine, me leyó en la cama, me entalló su cara en la manga sin as de espadas…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 09/03/2016

Muchas gracias por leerme,
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