Cinco
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Entre las cuatro y las cinco de la tarde hay un problema, un momento en que todo se frena, un ritmo distinto al latir, la lluvia no arrecia, se estanca en el paralelo obtuso de la mala fortuna y un cangrejo se marcha del mar, quiere mudarse a vivir la ciudad, dejar de una vez…
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La desvestí como el expertiz en que me convirtió la vida intensa, de frente a su cuerpo desnudo supe que no hay nada más perfecto, ni pechos más exactos, ni caderas más extremas, que no hay droga más meticulosamente diseñada para los delirios de mis ganas.
