Plumas
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La desvestí como el expertiz en que me convirtió la vida intensa, de frente a su cuerpo desnudo supe que no hay nada más perfecto, ni pechos más exactos, ni caderas más extremas, que no hay droga más meticulosamente diseñada para los delirios de mis ganas.
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Era un ángel, con piel de amapola y suspiros de cielo, tenía un ala con herida, yo le abrazaba con suprema dulzura, le alejaba del frío que trae la aurora.
