De No Estar Solo

Nunca supe escribir amor en silencio,
el instante preciso de un beso
fue siempre, para mí, el paraíso en su verso
y dos cositas que siempre te dije al oído
resulta que eran verdad después de tanto.
No te apures que mi abrazo no lo borra el tiempo,
lo sabe la estrella más roja de todo el firmamento
y una acróbata satisfecha con número y tres sueños.
Nunca supe escribir amor en completo silencio,
sin el sonido de alguna canción no tiene sentido,
a mí me gustas tanto que no sé describírtelo
y si acaso logramos entendernos que nos cante el viento,
porque ha nacido en mi interior una sonrisa,
no prometo una mejor versión sino hay sintonía,
me gusta tu aroma de orquídea, tu pasión por la ironía
y si quieres saber soy capaz de exponer esa herida.
No te apures que mis caricias no las borra un ciego,
lo sabe el vocablo bendito que augura tantos portentos
y una simpática chica de piel morena de quien fui aposento.
Yo no quiero escribir amor sin sus gritos de euforia,
sin orgasmos y sin redoblantes de qué sirven esas tardes,
en las que se promete a la luz de la luna una que otra mentira.
Nunca supe decir te perdono, porque en realidad no sé cómo,
no me siento capaz de cantar a la sombra de un árbol
todas esas historias de gente que se amó demasiado,
todas esas historias de gente que se odió a fríos daños…

Y a pesar de todo, aún me habita el alma de un monje
que tiene la fantasía sexual de no estar solo y que no cede.

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 04/06/2016
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Que Bajito nos Hablaba Antigua Guatemala

Que bajito nos hablaba Antigua Guatemala,
que bajito el volumen de nuestros pasos
y los cascos de los corceles por delante de la carroza,
recuerdos que llegaron, allí, sin planearlo…

Recuerdas el frío y nuestro abrazo, tu celeste y mi azul,
nubes en la cresta sagrada de empedradas calles,
que tras la lluvia sostuve tu mano y la besé con ternura,
que no estimaste las consecuencias, venideras, del beso
escondido tras las ruinas de aquel junio y su cielo…

Pero un día posarás tu orquídea entre mis manos,
alguna tarde de invierno en la ermita,
me verás con los ojos de incendio clandestino
y haré de tus silencios mi boca,
la roca inconcebible que sostenga tus dados
sobre el tablero manso de la justa recompensa
y te abrazaré como sólo puede abrazarse en Antigua,
una sola vez, a medida…

Cerraré los puños de frente al agua terrenal,
le veré con los ojos venerantes y devotos,
te compararé con su belleza infinita siendo atrevido
y me colmarás con todas esas colmenas que a tus pies
ha sembrado la vida, y el tiempo y la herida,
de pan dulce y coloniales aristas.

Y haré de tus besos mi templo,
el inicio impetuoso de posibles futuros,
viajeros en el tiempo del convenio predilecto,
sobre el tejido a colores de nuestras condenas
y te abrazaré tan fuerte, tan romántico y barroco,
te abrazaré tan cierto y tan esperanza, en la plaza
como sólo puede abrazarse en Antigua,
sin miedo y con la confianza de que existe el paraíso,
que nos sobra demasiado el ser perfectos y el ateísmo.

Te abrazaré al tiento en aquel pasaje de Antigua,
ahora que nos sueña tan bajito, para no despertarla…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 20/04/2016