Su Merced

Tan sofisticada por la vida,
con paso tan firme pero ambiguo,
desperdiciando una propuesta seria de amor
por ir detrás de los huesos de perro
a los que no quisieron los zopilotes
prestar ni un rato de atención.

Tan ruda se rompe a llorar,
se pregunta una y mil veces qué pasa,
no se da cuenta que el gran error
es que justamente no pase nada.

Pero se cree la más guapa,
la mejor, la que está más buena,
cree que tiene experiencia,
que todos son unos tontos
y que ella es la reina,
se cree la más elegante,
la más pensante,
se cree tantas cosas
que cuando se estrella en su desastre
sigue creyendo, incluso, que no es la culpable.

Pero qué vas a saber de vivir,
si el horizonte jamás te besó la cara,
si vas a acabar sin motivos ni esperanza,
has estado sola, como sola la balanza
que pende de la justicia irredenta
en aras de idiotas patrañas.

Pero qué vas a saber del amor o del sexo,
si mostrarle el cuerpo desnudo a cualquiera
no es que sea la prueba más bella del mundo,
ni de la inteligencia, ni de la fineza que pregona su Merced,
comprende que nunca te lo hicieron bien, ni lo harán,
que nunca te amaron con sinceridad, ni será,
comprende que el amor es capaz de amansar torbellinos
y que tú no conoces ni una pizca de él, que no te amó nadie
si no se dejó los orgullos y caprichos por tu felicidad,
que no te lo han hecho bien, que del sexo no sabes un pez
si nunca te mordieron los tobillos y lloraste desnuda de tanto placer…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 14/05/2016

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A Todos por Igual…

Los viste bailar, a todos tus sueños más grandes cumplidos,
los viste maullar, a todos tus antojos preferidos cumplidos…

Era la hora de cumplir tus caprichos,
del verbo y el mar al que quisiste ir,
fue la hora de todo lo que tú querías,
pasaban por ahí, delante de ti,
cada momento y tesoro de rubíes…

Los viste danzar, en un pie y a tus pies,
los viste crecer, hasta el cielo llegar,
como un manantial de imposibles
ahora posibles que se quedarán…

Era la hora de tu mejor suerte,
del confort tan inerte,
de la trampa mortal,
de las colmenas de oro en tu nombre
y el abanico de anhelos cumplidos,
de una toronja perfecta en sabor,
la que siempre habías querido…

Los viste abrazar, a cien brazos todos los caminos,
los viste burlar, a las sombras de la imposibilidad,
los viste gritar, de placer que ya no es contenido,
como un torbellino de suerte y billetes
ahora en tus dedos, ahora en tus manos, en tus viajes de ensueño…

Era la hora de tu salvación tan perdida,
de tu golpe en la herida, de cura temporal,
tus sueños cumplidos de tiempos promiscuos,
los viste bailar y danzar, correr y crecer,
los viste burlar y abrazar, y pasar y gritar
en tus pesadillas a todos por igual…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 18/04/2016