Huellas y Evidencias de Húmedas Letras

Ella entendía mi mal manejo de la frustración, lo resolvía recostándome en sus piernas relajando mi imaginación, me leía los libros de moda y los versos olvidados de doscientos poetas que nadie recuerda. Me besaba los labios con todo el azúcar que se desprendía en migajas de su alma, ha sido hasta ahora la mejor, ha sido hasta ahora la única capaz de comprender mis causas, mis efectos y luchar por ellas y por ellos sin importarle demasiado los modos, porque al igual que a mí, a ella no le importan los linajes, ni brebajes, ni las reglas en reserva que no debieran quebrantarse, le gusta la cerveza en tarro y las palabras acrobáticas, en el sexo es toda entrega, sabe en exclusiva la manera más precisa y exacta de incendiar con mi cuerpo toda cama. Se llamaba tan bonito que todavía lo recuerdo, aunque recuerdo más sus piernas, por ángeles talladas, y aunque yo no sea un santo, aunque me aproxime más a lo contrario, fui Amo y Señor de esos tesoros capaces de dar equilibrio a un cuerpo majestuoso, en ella vi cada misterio y milagro de la vida, no me importaba demasiado el tiempo cuando ella sonreía y una vez, incluso, perdimos el reloj y nos quedamos otro rato a contemplar como la luna brillaba en su abecedario.

Me retaba a olvidar toda mansedumbre, nunca  habló de bodas, ni pasteles, no le gustaba el chocolate, traía tinto en la sangre y aprendí de sus delicias la diferencia que existe entre un Sauvignon y un Clarete de Burdeos. Tenía clorofila emancipada recorriéndole por dentro y por fuera el cuerpo, quería ser el árbol más veloz del mundo entero y lo lograba al aferrarse a mi guitarra y darme un beso.

Nos llenamos de canciones frente al lago, en el mar escribimos un nosotros dibujado con el cetro impetuoso de una botella que luego arrojamos al mar con un papel dentro, en el que escribimos nuestros nombres, no por romance, sino porque siempre hemos creído que hay seres de otros mundos viviendo bajo las aguas intranquilas del océano, que la Atlántida fue sólo un intento fallido, pero que seguramente no todo está dicho.

Quizás un día encuentren, seres extraños, nuestros nombres y se lleven un momento descifrando tan húmedas letras, y no sospechen de una historia que aunque lejana dejó sus huellas y evidencias sumergidas en la arena de esa playa… Que es todavía nuestra.

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 02/06/2016

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Carta con Destino a Berlín

Ich weiß, Berlin, Ich werde euch vergeben, Ich fand mich…

Conoceré Berlín te lo aseguro, el frío me hará un espacio en el centro de su corazón y un abismo de dudas se disipará, dejando pasar la claridad a la orilla de mi alma.

Sentiré el viento helando los murciélagos antiguos y cada mal recuerdo de dolores artesanos, habré olvidado, porque es tan fuerte el deseo de cumplir un sueño único, que podría olvidarme incluso de los vidrios que pisé hace lunas, con tal de librarme del suplicio que supone mal vivir.

En los días posteriores coseré mi corazón con el hilo de mi aprendizaje, sabré amar en idiomas distintos, ya no me preocuparé por la razón de mi existencia pero sí por existir de la mejor manera, aunque parezca mentira, surtiré la alacena de mi alma con las formas de perdón más sinceras y viviré con la paz que ahora mismo no tengo.

Lloraré, si es preciso, a los pies de la montaña del romance prematuro, quizás entonces pueda verte detrás de la puerta grande, por el centro del pasillo sonreír de maneras tan hermosas que incluso la aurora sienta celos de ti. Me quitaré el sombrero a tu paso y aplaudiré a los contornos de tu cuerpo, por su hermosa excelsitud, por el recuerdo encamillado de mis manos en tus bordes, de mis labios en las noches, encerrados, en la cama más intensa de cada bocanada.

Conoceré Berlín y entonces me habré encontrado, entenderé cada acto y cada paso que di hasta encontrarle, entenderé los porqués salteados del desastre, de la pérdida y falta de tiempo a la que siempre aludimos en forma de excusa inconsonante.

La cerveza, el chocolate, pero avistar nuevo plumaje, toda cortesía obtenida por sabores clandestinos venideros, talvés lluevan canciones en el centro de mi cuerpo, y un tatuaje con las iniciales de la que siempre amé aparezca o desaparezca, depende tanto del clima mi gana de sentir, depende tanto del viento mi gana de escribir.

Conoceré Berlín, en algún momento, te habré perdonado ya por el tiempo, que me hiciste anteponer a lo hermoso de vivir, por estarte queriendo…

Te veo en Berlín o no te veo más, de cualquier modo, supongo, que será conveniente sonreír.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 12/05/2016