Para Sumergirse en el Mar

Los muros no se quieren callar,
gritan su estupidez sin dejar de mirar,
es como si el canalla infierno
les  premiara por el desconsuelo
que me saben hacer sentir;
y tú sabes muy bien que antes de morir
el afán principal de todo poeta es fluir…

Pero si mientras te hablaba
ya estabas pensando en lo que me ibas a responder;
tú no sabes nada de la vida, no sabes de nuestra poesía
y lo que te enseñó la calle lo olvidaste al comenzar a arder.

Gritarán las avenidas a mi favor
y nunca a favor tuyo,
rendirán las nubes su dolor
ante mi tiempo y no ante el tuyo…

Y aunque los muros no se van a callar,
yo seguiré confiando en lo que soy capaz de dar;
al final, sabes bien que es necesario detenerse y respirar
para hacer bien el bien, para hacer mal el mal, para sumergirse en el mar…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 19 de noviembre de 2,017

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Azul de Mar

Dibujas con tu mirada
mi intranquilidad,
conoces el momento exacto
para interpretar
y para guiar tu luz
muy cerca de mi andar.

Parecías un refugio de paz
y yo le creí a tu alma descalza
que en las noches crujía sin cesar
como cruje tu rabia desnuda.

Azul de mar y botas largas,
amor del malo para variar…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 4 de septiembre de 2,017

Ídolos Rotos

El escritor se despierta rodeado de intensidad,
son los colores que mueven al mundo y a su realidad;
cantan una canción con bondades de sortilegio al andar
y algún cometa perdido que dejó su historia sumergida en el mar.

Y el mar le habla de una ciudad,
la ciudad muerde sus recuerdos de serenidad;
la serenidad es tormento si vuelve toda esa ansiedad,
la ansiedad grita como al comienzo con la voz del mar…

Ya no quiere sonetos de amor antes de ir a dormir,
ni soñarse maldito inmerso en un triste final;
ya no quiere poemas de muerte al transfigurar
una imagen de ídolos rotos que aún no se quieren consumir.

Y el mar le canta a una misma ciudad,
la ciudad adormece el alma de la serenidad;
la serenidad es desierto si no soportamos toda esa ansiedad,
la ansiedad grita como al comienzo con la rotura del mar.

©® MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 29 de marzo de 2,017

Hay amores, amores para recordar y canciones suicidas al fondo del mar.

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 17 de febrero de 2,017


Línea primera del prólogo de la segunda edición de mi libro Dossier Para Un Equinoccio.

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Detalles de Ilustración:

Título de Ilustración: ®Dossier Para un Equinoccio
Pintora: Karen Huertas (Kahushiro)
Técnica: Acuarela 
Idea Original: Messieral

Todos los Derechos Reservados.


La Misma Canción

Con el recuerdo de un beso
se ha hecho una canción,
con ella guarda aquel suspiro
que a nadie jamás mostró.

Y se queda a cantar
la misma canción,
una vez y otra más,
esperando a que un día
venga el mar por ella
y se la lleve a donde la marea
no le permita volver jamás.

Y cuando eso ocurra
aún el viento tejerá
las notas precisas
que su voz ahora regala
a la más intensa oscuridad.

Cuerdas del hilo resistente
rotando la tierra al vaivén
del más perpetuo y silente
siempre que también es nunca, a veces,
como el dolor que nunca ruega,
como el edén sin Romeo y Julieta…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 25 de enero de 2,017

Poema de Paz Sobre el Carbón

El pequeño astrónomo no tiene
edad ni sustantivos para callar,
vive en un día sin nombre y ve
que la guerra no empezó en el mar.

Tras esos ocho vientres que parieron
la destrucción y el veneno, quedan
rasgos de un planeta en erosión
que rescató la lágrima de fuego.

El pequeño astrónomo escribió
un poema de paz sobre el carbón
y dio a su pluma un ion multicolor…

©MESSIERAL | Poesía | Sonetos
Ciudad de Guatemala 17/07/2016


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Mi Guerrillera Enamorada (Para Siempre Siempre)

Si aquella banca de piedra hablara,
si las nubes de aquel abril,
no sabría qué decir, dónde esconderme,
para evitar la explicación inútil
de haber dejado fuera de mi campo de batalla,
a la mujer perfecta, a mi guerrillera enamorada.

Nadie como tú hizo trinchera entre almohadas
para cuidarme de cada mal cercano,
nadie como tú comprendió mis miradas,
mis motivos y batallas sin descanso.

Pequeña, aunque tú y yo ya no existamos,
quiero que sepas que el centro idóneo de mi poesía
únicamente existía en los hoyuelos de tu espalda,
en aquella primera vez de inexperiencia y delicia,
y en la ciencia que tus labios pronunciaban al besarme entre cobijas.

Y fue el agua del mar el que se comió los temores,
esos besos en la húmeda playa fueron de verdad,
el roce de tu sombra me bastaba para tener un hogar
y cada poema, y cada canción los mereciste como nadie,
es sólo que no podía quedarme, no pude quedarme,
sigo pensando que fue lo mejor, contigo siempre fue mejor.

Perdóname por cada luna de todos los dieciocho de diciembre,
por los abriles en que el día haga veintitrés,
porque aunque nunca lo confiese ante los bosques
respeto la memoria del mejor de los amores.

Porque aunque no triunfara nuestro amor,
por sobre todas las cosas del universo,
te juro que nadie como nosotros crea besos,
nadie se ama de verdad y en serio
como nosotros logramos hacerlo
en esos años de incienso de lluvia de argento.

Y estoy seguro que nadie hace el amor
rompiendo a la cama sus maderos
por la fuerza del amor verdadero,
como nosotros, que nadie se despide
con tanta insatisfacción cada tarde a las cuatro
y es menester sonreír cada vez que descubro
retratada nuestra frase: “Para Siempre Siempre”
en la mirada de nuestra mejor obra de arte.

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 25/06/2016

En la Caída Libre de un Copo de Nieve

En la caída libre de un copo de nieve
yo intenté refugiar su anarquista manera
de enfrentarse a sí misma y a la incansable marea.

Su letra era un centro de gravedad,
en el que toda la fuerza del mundo convergía
para rozarme la cara con su voluntad.

Y yo quise creer que el infinito empezaba en su piel,
que en las estrellas del firmamento era ella quién se escondía,
así que seguí con el honor y la valentía de una gelatina de naranja
que vio de frente el mar y se puso a temblar.

Pero como toda playa siempre tiene su huracán,
nuestra historia se la llevó una corriente intensa
de viento y lluvias, de estruendos y golpes
que daban de frente al sabor vencido del alquitrán.

Y cesó la nieve, ahora viene en forma de luces
que se elevan hasta el cielo desde el centro del mar,
el fuego ha incendiado el bosque que me prometió,
fue sólo un sueño, tan sólo un invento de su mirar.

Y ya no quise creer que el infinito acababa a sus pies,
que en las lágrimas de la luna era ella quien se reía,
así que seguí con la tristeza y con la hegemonía de un rayo de luz,
me hinqué a orillas del río de fuego y en sus complejos me callé…

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 08/06/2016

Huellas y Evidencias de Húmedas Letras

Ella entendía mi mal manejo de la frustración, lo resolvía recostándome en sus piernas relajando mi imaginación, me leía los libros de moda y los versos olvidados de doscientos poetas que nadie recuerda. Me besaba los labios con todo el azúcar que se desprendía en migajas de su alma, ha sido hasta ahora la mejor, ha sido hasta ahora la única capaz de comprender mis causas, mis efectos y luchar por ellas y por ellos sin importarle demasiado los modos, porque al igual que a mí, a ella no le importan los linajes, ni brebajes, ni las reglas en reserva que no debieran quebrantarse, le gusta la cerveza en tarro y las palabras acrobáticas, en el sexo es toda entrega, sabe en exclusiva la manera más precisa y exacta de incendiar con mi cuerpo toda cama. Se llamaba tan bonito que todavía lo recuerdo, aunque recuerdo más sus piernas, por ángeles talladas, y aunque yo no sea un santo, aunque me aproxime más a lo contrario, fui Amo y Señor de esos tesoros capaces de dar equilibrio a un cuerpo majestuoso, en ella vi cada misterio y milagro de la vida, no me importaba demasiado el tiempo cuando ella sonreía y una vez, incluso, perdimos el reloj y nos quedamos otro rato a contemplar como la luna brillaba en su abecedario.

Me retaba a olvidar toda mansedumbre, nunca  habló de bodas, ni pasteles, no le gustaba el chocolate, traía tinto en la sangre y aprendí de sus delicias la diferencia que existe entre un Sauvignon y un Clarete de Burdeos. Tenía clorofila emancipada recorriéndole por dentro y por fuera el cuerpo, quería ser el árbol más veloz del mundo entero y lo lograba al aferrarse a mi guitarra y darme un beso.

Nos llenamos de canciones frente al lago, en el mar escribimos un nosotros dibujado con el cetro impetuoso de una botella que luego arrojamos al mar con un papel dentro, en el que escribimos nuestros nombres, no por romance, sino porque siempre hemos creído que hay seres de otros mundos viviendo bajo las aguas intranquilas del océano, que la Atlántida fue sólo un intento fallido, pero que seguramente no todo está dicho.

Quizás un día encuentren, seres extraños, nuestros nombres y se lleven un momento descifrando tan húmedas letras, y no sospechen de una historia que aunque lejana dejó sus huellas y evidencias sumergidas en la arena de esa playa… Que es todavía nuestra.

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 02/06/2016

Verbos de Templanza

En puerto las cosas no van tan mal, recostado en mi balsa miro al cielo, canto verbos de templanza. Ya no voy a luchar contra la marea, dejaré que las olas me sumerjan, aquí voy a esperarla un día más, sé que vendrá a secarme la piel con sus besos y que su arte será amarme siendo una suma perfecta de todas aquellas que, en vida, me amaron bien.

Y quizás llueva, quizás mi balsa empiece a hundirse, pero no voy a escapar, le estaré esperando, como la aurora a unos ojos que le sepan contemplar, ya la puedo imaginar, la estoy escuchando hablar, el cielo amenaza tormenta  y yo creo que es ella próxima a llegar.

Fueron tantos los años de esperar por un sueño que al final me ha hecho heridas que no puedo sanar, pero a lo lejos hay alguien más, una muchacha de vestido incoloro que trae en la voz verdaderas razones para salvarme, y yo sé que se aproxima, yo sé que estaré bien cuando ella se arrodille frente a mí y con sus ojos llenos de franqueza me invite a ser feliz.

Quizás ella, al igual que yo, no sepa distinguir tan fácilmente con sus ojos la distancia entre el rojo y el café, no tenga ganas de fingir algo que no es y alce la voz para decir lo que siente aunque al mundo le cueste tanto escuchar la verdad, le cueste y cueste.

Quizás tenga, al igual que yo, ganas de amar sin lastimar, quizás tenga sapiencia en vinos y en lugares, quizás quiera aprender que el sexo es un arte, que devino del amor, y no un juguete prematuramente multicolor.

Quizás nunca se canse de caminar, al igual que yo, por las calles principales de esta ciudad, quizás desde el primer instante no nos perdamos el tiempo sin tomarnos de la mano o sin observarnos enamorados, al estar frente a frente en los cafés de la avenida más hermosa del país. Quizás tenga tanto miedo a ser injusta como yo y tenga un leve vértigo que la haga perfecta para mí.

Ya no  me importa el infinito que prometían otros cielos, sólo quiero que llegue y que se quede para hacer cada poema y canción, con la verdad que yo preciso, con el candor de todo lo que soy, que ya le espero, que ahora recuerdo que alguna vez la crucé por la calle y a su sonrisa sonreí.

Quizás le encante el mar como me encanta a mí, quizás, al menos, sepa la diferencia entre Mozart y Beethoven, entre amor y trampa, entre dulzura y crueldad. Quizás prefiera ser feliz y lo seamos verdaderamente hasta el borde fin…

Quizás sea una de esas rarezas hermosas que han leído más libros que los años que ha cumplido y extrañe las smoking rooms, al igual que yo. Viene.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 29/05/2016

Meteoro Ígneo

Agonizaba aquella noche de tormenta,
me invitaste a comprender los misterios de la vida,
esa cama nunca más estará vacía, nos quedamos en ella
a trocitos de piel que pudo arder y a las brasas de un cometa.

Te desnudé y fuimos fuego en el centro del mar
excitando a las sirenas que nos vieron pasar.

Eras la obra de arte que yo quise contemplar,
la hipotenusa que sabía muy bien dónde acariciar,
me gustaba tu sonrisa y el secreto entre tus labios,
el trigo reluciente en tu mirada y esos dulces arrebatos.

Eras mi fuego de San Telmo
y las bolas de fuego de Naga,
mi acto inexplicablemente bello,
lo imposible a la luz de lo posible,
la tierra hermosa en la que quise nacer,
meteoro ígneo con labios de mujer.

Te he escrito la canción que me pediste,
ojala la alcances a escuchar con cada viento,
de este sur hasta ese norte en que están mis besos,
los que te di y no quitará nadie, ninguno de ellos.

Te arropé y somos una canción que navega por el lago,
un poema sin voz que sana la hierba del naufragio,
enamorada me decías que mis besos sanaban maldiciones
y yo le creía a tu boquita de amapola sustantiva a jirones.

Eras mi fuego de San Telmo
y yo el Kepler 78 a su estrella cercano,
mi acto inexplicablemente bello,
y esa estrella eras tú, tú mi borde y mi centro,
lo imposible a la luz de lo posible,
la tierra hermosa en la que quise envejecer,
meteoro ígneo con pasos de mujer.

La bella imagen de cabecera, de las bolas de fuego de Naga, fue tomada del sitio Mundo esotérico paranormal

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 23/05/2016

De Ciento Cincuenta Nopales y Trescientos Boleros Inmersos en Vino

Escribir un poema que hable de vino
derramado en el centro del mar,
de un cometa con destino directo
hacia ningún lugar y, poco a poco, dejar
que sea ese sorbo que una gaviota robó
el que nos salve de la sobriedad, del tacto
del fuego ancestral de estrellas cansadas.

Yo quiero escribir por el resto de mis días
y en mis noches te quiero devorar,
que sean mis caricias toda la poesía
que no te deje dormir y que te haga levitar
por el mundo tranquilo de un nuevo destino
que nada, ni nadie nos pueda quitar…

Quiero escribir el poema más bello del mundo,
grabarlo con tinta en tu espalda, mi amor,
llorar en tu sexo el agua pura de ciento cincuenta nopales,
que las espinas sean sólo aquel mal recuerdo que ya se olvidó.

Yo quiero escribir poesía en tus pies
para que no olvides tu paso en mi piel,
grabarte un camino de rosas doradas
para que no olvides el bronce de cada palabra.
Quiero beberme el alcohol de tu cuello, en tus hombros hablar de silencios,
y quiero llover en tu sexo el agua pura de ciento cincuenta nopales,
que tus cobijas no sean de escarcha, que sean ajuares
de novia bonita que va de mi brazo, cantanto afinada
trescientos boleros inmersos en vino y en cielo de acordes amantes…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 05/05/2016

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Amar y Bien… Muy Bien

Al final terminé por darte mis alas de jaguar y mis plumas de quetzal, te juro, de todo corazón, que no eras mi intención pero como las mejores cosas de la vida, sin planearte he terminado amándote, con cada fibra de mi camaleónica esperanza e inquietud.

Yo no esperaba latir por ti y, finalmente, he comprendido que sin ti no podría ya sangrar, mi sangre guía barquitos de contrabando, que trafican ilegalmente tus mejores sonrisas. Estoy totalmente lleno de tus maneras, suspiro si tú caminas sobre la tierra amainando litorales sólidos de desesperanza. Me gustan tanto tus piernas de caramelo, endulzas con tus deambulantes pasos las calles de mi vida, me habitas y me obligas a redecorar la habitación de mi corazón sólo para ti.

El espacio sideral de mis recuerdos lo has coloreado con la pintura que traías en las uñas, tu labial ha marcado en mi pecho su seña indeleble, como un incendio de rocas que presienten la incandescencia de un fenómeno natural, el de tu cuerpo en mi pensamiento, el de tus labios en mi recobrado tiempo. Eres el azul de mi imperio, la dama china que sólo me como yo, el tablero de ajedrez en el que un rey cuida a su reina sin limitación de movimiento, tus  ojos de ámbar incitan a lo eterno, a morder una nube y adivinar la diferencia entre ella y tus labios, aunque no exista.

Palacio real de aves triviales, agua de río inagotable, beber de ti es la tersa e indefensa necesidad de amor de mujer, bordearte como a un camino con mi tacto, un camino con destino a la ilusión, viento frío, que me ha de conducir al más bello sonido. Y en mis sonidos profundos de cedro quiero posar mis alas anchas, eres las curvas de la guitarra cuando descansas sobre mi pecho y las cuerdas cuando me besas pronunciando tantos siglos de palabras hermosas que no he de olvidar.

Te llevaré a volar muy lejos, te nombraré luz inagotable de mi planeta, viajaremos entrelazando nuestras causalidades, te guiaré por el sendero celeste de promesas destinadas a cumplirse, no te soltaré y mi alma será un libro abierto en el que a toda hora se lea tu nombre, perdurable, en el vaho de mi cuerpo.

Siempre voy a recordarte como a la raíz más bella y más intensa, un caudal de fuego que me sumerge en su letra, un alud de carisma que me enreda en su palabra, que no daña y que cuida, que es natura y ciudad, que es mi día y mi aurora, mi noche y mi prisma. Un olvido que no llegará, un pueblo contemporáneo con recital de sonrisas y preciosas rocas que no tienen ningún ambicioso valor, sólo para mí, sólo para mí…

Quizás nunca despertemos de este sueño, quizás sea mejor así, quizás una tarde de junio se nos agote la fuerza y te tengas que ir, quizás un día te tenga que herir, quizás me mientas o quizás yo naufrague en otra marea, quizás una noche me mates, quizás un veinticuatro de diciembre no hagamos el amor, quizás seas tú, quizás no sea yo, quizás te quedes para siempre, a lo mejor no, quizás en esta cama un día estará otra, aunque yo siga pensando en ti, quizás un día llegue alguien a tu vida que al hacerte el amor en realidad no te haga ni cosquillas, quizás seas mi mundo, quizás yo sea el tuyo, quizás logremos evadir la estupidez humana y su falta de amor, quizás en mi mundo siempre seas luz y yo el cobijo de tu aroma, quizás ganemos la batalla a la desilusión, quizás merezcamos la inmortalidad a que aspiramos, quizás no, quizás un día me canse de verte, me aturda escucharte, quizás un día la vecina tenga mejor sabor, pero quizás no, quizás si te quedas una noche más entre mis brazos nada ya nos logre separar…

Te juro de todo corazón que, hoy por hoy, sí eres mi intención, eres el crimen benigno que quiero cometer a diario, eres el texto, el ordenador y la radio a la que quiero prestar atención todos los días del resto de mi sueño, todos los días del resto de mis rimas.

Si acaso me has leído y tu corazón no se aclaró la garganta para decir sí a todo, sin importar qué, vístete y será mejor que no nos volvamos a ver. [Dicho así como quien lo dice para que le demuestren lo contrario]. Pero si todo es diferente, no te vistas nunca, no te seques las lágrimas de ternura, no vuelvas a erizar tus pestañas con peinados de excentricidad, porque te quiero a mi lado así como ahora te veo, con ese manto de arena sobre tu piel, y el resultado de torbellino en tu cabello, pues quiero alcanzar la playa que representas y ser tu mar, la marea que te acorrale, ser un motivo para que te quedes al menos siete vidas más, y más… Andar y huir, quedar y estar, amar y ser, beber y oír, amar y bien… Muy bien.

Dos estrellas gemelas podrían bailar
en esta noche de frente al pastizal,
no depende de la lluvia, ni del temporal,
es cuestión de sentirlo o matar,
es cuestión de sentirlo o de amar,
es cuestión de uno mismo y de su alguien más…

© Copyright – Luis Eduardo (Messieral) – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 04/04/2016

Muchas gracias por sus ojos y por estar,
para leer más relatos, visita Historias en Ascuas.

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Hacerte el Amor

Hacerte el amor es tener
una rosa delicada entre mis manos,
es un paisaje favorito de mis ojos,
es un suspiro que no se apaga.

Es crear un boceto ideal con los óleos del infinito,
es cruzar entre tus piernas como ave pasajera que se queda,
que disfruta del sabor armónico del amor y se alimenta.

Hacerte el amor es fuego de estrella
y roce cometa de manos que se prefieren,
es borrar todo rastro de venenos polizontes,
es escarbar la tierra en busca de agua y hallarla.

Que me he sembrado por siempre
en el centro de tus besos, de tu piel,
que he hecho de tu alma hogar,
de tu cuerpo trinchera, de tu mar, más…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
San Miguel, El Salvador 06/11/2015

Gracias por sus ojos,
les invito a leer estos otros poemas:
Juntos Navegar
Lucero Incierto de Mar
Postales

Precipicio con Destino a la Esperanza

Comicidad en la decencia del recuerdo de la que ayer me cantaba al oído, guitarra en brazos, beso tierno al verbo. Atravesaba mi mirada con sus oscuras pupilas, visitaba los recovecos de mi alma con sólo pronunciar mi nombre. Bailaba despacio y despacio me mostraba la cordura de su cuerpo en la locura de su hoguera. Tenía un tesoro escondido entre las manos, nos gustó siempre la misma música y los mismos versos, los atardeceres eran culminantes de sueños atraídos para ser ciertos. Era como un final con buen sabor de boca, un principio incierto repleto de tormentas y aguaceros de cosecha.

Ocultaba su oscuridad de todas las personas, pero no de mí, lloraba cuerdas de lágrimas mientras me decía que su vida no valía nada, me costaba convencerla de lo contrario pero a veces lo hacía. A ella le gustaba el helado y pintarle la pestaña de negro al ojo del huracán, lacio cabello y dolores de infancia, de esos que destrozan a cualquier hombre, más no a una valiente mujer como ella… Destrozada no se quejaba ante el resto, acallaba la pena con su sonrisa bonita, la que fingía.
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