En la Casa del Buen Vino Popular

Puede una luz secreta tergiversar
el triste boceto de nuestra debacle,
cantar a la luna dos modales envejecidos
en la casa del buen vino popular.

Arreciarán las nubes su albura
postergando el incendio sideral,
venderán sus caricias por las esquinas
de un cielo irredento con sabor a sal,
la misma sal que puso al mundo sombras,
de manzana verde, para intentar sanar.

Ardid azul es tu mal amor,
tus caricias francotiradores desalmados,
no lo has notado pero hay un demonio
en la parte trasera del asiento en tu pasado,
ojalá que el tiempo anterior vuelva
y te lleve tan lejos de mi vida, tan afuera.

Porque mientras escribo este poema,
una lágrima de estrella pone triste al universo
y esa lágrima nace a mi favor, a mi tiempo,
como la última letra que aparece en cada libro,
esa que nutre o despedaza,
que es caricia o simplemente
el más hermoso de los tiros de gracia.

En la casa del buen vino popular
hay historias de tardes continuas,
un espejo levitando de amor
y ocho bayas cansadas de ti,
es posible que pueda existir
sin la fiera memoria de pena,
si es que acaso perdí mi andén
por andar contemplando tus cuerdas…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 24/07/2016

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El Secreto de las Almendras y el Ébano

Una millonésima de segundo
y dos caminos se entrelazaron,
una mirada, un sonido, un minueto,
la taza de café en la mano ya humeando.

Borró la vida el empeño de la distancia,
a veces los corazones se abrazan con más fuerza
que todas las ganas sosegadas…

Y vino una estrella recién nacida
a hablarles de las bondades del alma,
del cielo infinito de posibilidades
que el amor abre a los corazones
que aman con el cuidado de antes,
haciéndolo perdurar ahora y más tarde,
con nieve escarlata y el sol del andén
que nunca y jamás querrá apagarse…

Una millonésima de segundo, se cruzan dos miradas,
si no es amor a primera vista, supongo, que es otra cosa,
una millonésima parte del corazón aún no convencida
se pone curiosa al ver que se acerca el alma gemela
y las aves de purpúreas alas adornan el cuento,
no miento, lo he visto y ahora yo sé que lo siento…

Borró la vida los imposibles con un beso,
con secretos de las almedras y del mismísimo ébano…

Y vino un silencio impecable a rozarles la cara,
un frío hermoso a rodearles el corazón y sus ramas,
me puede decir que ese frío es pura pasión, no puedo callarlo,
pero sí tú te acercas a mí, te juro, no me hace falta un milagro…

Te resumo una historia en tus labios de antorcha,
me arodillo ante tú respiración si ella no me abandona,
te regalo mi mejor amuleto si aprendes a guardar secretos
y le gritas al cielo con toda la boca al comernos el cuerpo,
que eliges mis rumbos para la eternidad de tus mejores recuerdos.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 03/05/2016

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