Mademoiselle Princess SYL (See You Later)

Mademoiselle Princess SYL
no quiere sufrir,
dice que tiene suaves las manos,
que va a acariciarte siempre sutil,
pero que no le dañes la reputación
pues sin eso parece que el mundo
se le partiera en dos…

Mademoiselle Princess SYL
tuvo una participación
en la tele local de su habitación,
le enseñó hasta la sombra al tonto feroz,
de respeto en respeto me gustas para un psiquiatra mejor,
de burrada en burrada te sale mejor la canción.

Mademoiselle Princess SYL
dice que el malo soy yo,
que mi pecado favorito era la libertad,
no entiende de amores, ni de recomenzar,
se ató a las razones idiotas de su nimiedad.

Y hoy en soledad, Mademoiselle Princess SYL quiere llorar,
me fui de su lado dejando una estela mejor que abrazar,
se enfadó con el cielo, su capricho le sonrío al marchar,
ella no entiende que a veces hay cuentos en los que el nudo
se desata, en los que la trama no se puede morder o tragar,
que hay noches en las que uno también necesita esperar
a que un soplo de inspiración nos de un nuevo rumbo,
nos de un nuevo tumbo de amor que detenga la respiración.

No sabe amar pero jura que siempre fue amor,
no sabe besar pero jura que una vez besó,
no sabe del sexo y se cree que eso es puro algodón,
no sabe de historias y hoy rima memorias de su perdición.

Mademoiselle Princess SYL negó cien veces,
ochenta y cinco más se acobardó, nado con los peces
río abajo para no soñar que en su contra iba la corriente.

Y a favor ella nadó en el hábitat de su verdad,
se inhibió con las puestas de sol del lugar,
dicen que la vieron caliente por cualquier feje,
que la vieron lucir, tal cual es, siempre linda y corriente…

Mademoiselle Princess SYL
tuvo una participación
en la tele local de su habitación,
le enseñó hasta la sombra al tonto feroz,
de respeto en respeto me gustas para un psiquiatra mejor,
de burrada en burrada te sale mejor la canción.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 07/05/2016

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El Café Suerte Esperanza

Encontrarte en aquel café, entre su aroma exquisito a intimidad, con tus gafas de sol para la sombra y el nudo de tu bufanda marrón. Esquivar tu tono serio y ponerte una sonrisa, de extremo a extremo, entre la boca y el corazón… Es que te juro, por dios, que no recuerdo un mejor sabor.

Quedar al día siguiente en la librería del centro, en la que me hablaron tus ojos del príncipe marciano y tus piernas de su flor, mis manos arremolinadas de aquellos cronopios y famas, mi frente de las cuerdas reflexiones que el amor, ya sabemos, no admite, no por siempre.

Tomar tu mano con la incerteza de lo eterno, posar un beso en tus labios continuos por un camino de lo bello a lo desconocido. Se cortaba el aliento de las horas al verte hablar, pensar en tu siguiente beso y atender a tu necesidad intensa por ser comprendida, mis venas palpitaban al compás de tu hermosura, era un juego cíclico de admiración al cielo y al suelo, sentir amor propio al amarte a ti, sentir completa autoestima al saberte milagro de pies a cabeza, sonreír.

Eran los vértices tan fuertes de una historia común, una etapa tan linda con la brisa y el frío que refresca el alma, promesas tan buenas, un salto mortal que, temporalmente, acababa bien, alejando la pesadilla y yo creando un escenario para verte siempre, para verte bien, querer hacerte feliz como no hice a nadie, llenar de cometas tu habitación y de orgasmos las marquesinas de trofeos bien logrados, desdibujarse así los miedos y correr al encuentro de un amor justificado en sus pormenores, libro abierto de citas que inspiran al héroe de la tarde, a la mujer de mente.

Conocerte, sin duda, algo tenía que ver con mi suerte…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 22/04/2016

Gracias por tus ojos y por estar.
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