Dialecto

Tú no te escribas sin pronunciarme
y el anuncio ecléctico mantendrá tu cordura
cercana al vaso de vidrio en el que me encerraste.

Tú no te busques amores reemplazables
y mi voz te traerá los recuerdos necesarios
para abanicar la sombra de nuestro desorden habitable.

Háblale a tu cama de la cama de aquel hotel,
a tu familia de este que tanto te ama
y olvídame al escuchar la canción del miedo, sin ver;
pues si cruzas con demasiadas precauciones me volverás a encontrar
y tal hecho sucedería a la fabricación, en tu espalda, de mi sal…

Último beso, como un juego de niños pequeños,
otra vida, un dialecto que esboza tormentos
para el huracán que nos trajo hasta aquí;
como amor indefenso ante el frío, ese abril,
como un sueño perfecto en el que no te escribí;
como tardes de enero cuando el éter, el alelí,
la brisa y el ruego ya no descansarán en ti…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 2 de enero de 2,017

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El Noctámbulo Entrevero de Nuestro Cursivo Ámbar

Nunca olvidé su letra,
imposible olvidar su amor.

—De las gotas de lluvias seré el color.

En aquel faro a la luz de las gaviotas,
he recordado sus promesas de mar.

Me afirmaba con toda seriedad
que su voz perduraría en mí.

—Como el dolor en la herida al rubí.

Se llenaba los bolsillos con mis prudencias
y despreciaba a dos manos mi credulidad,
más no culpo a su aroma de arroparse
con las estrellas de cada año de frivolidad.

Porque si volviera a llenarme la sed de besos,
si recordara el santo y seña de mi caja fuerte
o el momento que más atesoro en mis adentros,
si viniera su amor a aletear a las ventanas de mi mente,
no me negaría a su voz, a su amor, a su romance…

— En la reserva atenuada, será su caricia imborrable,
su excelsitud inabarcable y única su capacidad de conquistarme.

Huellas de tus pasos en la arena de mi playa,
exhalaciones de tu brisa en las aceras de mi andar,
secretos y placeres de jaguar aún latentes, conservados,
en el noctámbulo entrevero de nuestro cursivo ámbar.

©MESSIERAL| Poesía
Ciudad de Guatemala 03/07/2016

El Café Suerte Esperanza

Encontrarte en aquel café, entre su aroma exquisito a intimidad, con tus gafas de sol para la sombra y el nudo de tu bufanda marrón. Esquivar tu tono serio y ponerte una sonrisa, de extremo a extremo, entre la boca y el corazón… Es que te juro, por dios, que no recuerdo un mejor sabor.

Quedar al día siguiente en la librería del centro, en la que me hablaron tus ojos del príncipe marciano y tus piernas de su flor, mis manos arremolinadas de aquellos cronopios y famas, mi frente de las cuerdas reflexiones que el amor, ya sabemos, no admite, no por siempre.

Tomar tu mano con la incerteza de lo eterno, posar un beso en tus labios continuos por un camino de lo bello a lo desconocido. Se cortaba el aliento de las horas al verte hablar, pensar en tu siguiente beso y atender a tu necesidad intensa por ser comprendida, mis venas palpitaban al compás de tu hermosura, era un juego cíclico de admiración al cielo y al suelo, sentir amor propio al amarte a ti, sentir completa autoestima al saberte milagro de pies a cabeza, sonreír.

Eran los vértices tan fuertes de una historia común, una etapa tan linda con la brisa y el frío que refresca el alma, promesas tan buenas, un salto mortal que, temporalmente, acababa bien, alejando la pesadilla y yo creando un escenario para verte siempre, para verte bien, querer hacerte feliz como no hice a nadie, llenar de cometas tu habitación y de orgasmos las marquesinas de trofeos bien logrados, desdibujarse así los miedos y correr al encuentro de un amor justificado en sus pormenores, libro abierto de citas que inspiran al héroe de la tarde, a la mujer de mente.

Conocerte, sin duda, algo tenía que ver con mi suerte…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 22/04/2016

Gracias por tus ojos y por estar.
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De lo que está hecho el cielo (Parte I)

Ha ocurrido esta tarde… La luz del semáforo cambió a verde para los peatones, crucé la calle y caminaba frente a la acera del supermercado cuando ocurrió. Me sentí profundamente enamorado de ti, no como a diario que me enamoro de ti si no me molestas y si amansas la marea cuando quiero calma, sino de esa otra forma en la que me enamoré de ti cuando eramos niños, con las ganas de llamar tu atención para que te quedaras sólo conmigo, con esa fuerza de pensar que si no estás, que si no me miran tus ojos esta tarde estaré deprimido… Sentí un gusto extraordinario por ti, no ese gusto de diario cuando al final del día te sacas toda la ropa, y el bra que ya tortura, y te veo plena en total desnudez frente a mí, sino ese gusto más de brisa fresca que pocas veces en la vida se puede llegar a sentir, aunque obviamente por ti es más elocuente, ese gusto total de cada detalle, de cada trocito de sonrisa que me regalas, de la suavidad con la que miras emocionada como te relato mis aventuras cuando más joven en la montaña, de cada palabra y de cada vez que te sonrojas, evadiendo caprichosa si te pregunto cuánto te gusto. Te deseé, no con el deseo que siento por ti al arrancarte la ropa interior con mis dientes cada noche, sino ese deseo intensamente infinito de que poses tu mano por toda la eternidad sobre la mía, que no dejes de escribir mi nombre en tus cuadernos, ni hacer de mí, en tus historias, el duende al que robaste el corazón, mismo que no piensas nunca devolver. Ese deseo intenso e infinito de querer robarte dos besos, para empezar, por si miro alguna vez a otra, me recuerden de qué está hecho el cielo y reaccione para sólo pensar en ti…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 29/01/2016

Muchas Gracias por sus ojos,
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