Nunca ser un protocolo de la vida, ni un pacto abierto, ni un pequeño recoveco de pastillas… no olvidar sentir algo mejor, jamás dejar de emocionar al mundo entero. Hacerse inmortal sabiendo que no eres eterno.

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Ciudad de Guatemala 5 de octubre de 2,018

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Con Destino a la Inmortalidad

Camino de editoriales,
de sonidos tan irreales
y destellos de luz;
placeres de lunas menguantes:
Lecturas de los amantes
y tragos del sur…

No es fácil no acobardarse
e insistir por ver tus letras
grabadas en el mural inconstante
con destino a la inmortalidad;
no es fácil sentir que es interesante
el abrazo a la hora indicada
si al reloj se le caen las agujas estelares
y nos muestra una vida, de rota, cansada.

Pero inicial no es
una trampa mortal,
la palabra se sabe defender
de los menesteres de la mediocridad;
pero al final no es
una mera casualidad,
la palabra se sabe detener
para apreciar la excelsitud de nuestra caducidad.

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Ciudad de Guatemala 11 de septiembre de 2,017

Vórtice de Polución

Un torrente de vicio en sangre
que está elevando la temperatura
y sus cristales no provocan frío,
se están fraguando crisis celestiales.

Cae, cae, no te preocupes, no tengas miedo,
el ser humano no es la polución del universo.

Al principio vendrá el frío, luego te abrazarán,
no conoces sus nombres, no los quieres recordar,
déjate amansar, hay un vórtice secreto en tu pecho
que te permite ser todo cuanto has soñado desde pequeño,
corre y eleva toda la materia de la que estás acompañado.

Y cae, no te olvides de caer, cae, que yo te ayudaré
a recobrar las fuerzas con un poco más de fe.

La lava no puede quemarte, eres inmortal,
no existe en tu abecedario todo lo inmoral,
la lluvia no te moja y anestesiado está el silencio,
corre y salta como un recuerdo que yace a lo lejos.

Cae, cae, no te preocupes, no tengas miedo,
el ser humano no es la polución del universo,
ellos la inventaron, la domesticaron…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 29/05/2016

Sello Inmortal de Tres Letras

Tenía el alma de plata y el alma con sonrisa de mar, cuando caminaba una estela de magia aplaudía detrás. No recordaba su nombre, no sabía si amó, se arrodillaba frente a la brisa para disfrutar del silencio ruidoso del atardecer. Era tristemente feliz o felizmente triste, siempre vestía distinto, mudaba su semblante una vez al día…

De vez en cuando se le veía jugar con la silueta maltrecha que le acompañaba los pasos, en las horas de luz de su mundo abstracto. Una inquietante huida, un juego circular. No importa donde fuera ni que tan rápido corriera, si dejaba que la luz la alcanzara, ella seguía ahí pegada a sus pies y a sus huesos. Pero cuando se cansaba del juego, se apartaba a las sombras del mismo portal de todas las tardes y miraba el cielo como esperando que se abriese…

Cuando la lluvia venía, la disfrutaba como caramelos macedonios deshaciéndose en su boca. Compartía los secretos de sus alegrías con el atisbo de luna que se plantaba frente a ella en las tardes de febrero. Tenía calma en cada paso y mucha prisa en añorar que el sol nunca dejara de rotar al rededor de sus huesos, disfrutaba del oleaje del viento sacudiéndole el cabello, cabello enaltecido por dos mariposas azules escarlatas que se posaban en su cabeza, un sombrero de pirotecnia y ocho semillas de jengibre para no perder el camino de vuelta a casa.

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