Tiempo de Volar

Tiempo de soltar
pero sin malinterpretar,
que yo te seguiré queriendo
aunque las cosas vayan recuperando su lugar.

Tiempo de soltar,
nadie va a llorar
que yo te seguiré pidiendo
que jamás dejes de volar.

Y tiempo para recordar
nuestros mejores momentos,
aunque no vuelvan más.

Temporada de uno más,
del tan esperado último round,
tiempo de cazar sueños rotos
para ser valientes y no volver la vista atrás…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 30 de junio de 2,017

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Intentar

Cuando desvanezca por fin
el rastro de nuestra catástrofe,
estaré listo par acercarme y resistir
la caída de mi orgullo, el vuelo del colibrí;
para pronunciar las frases que te mueres por oír.

Y será cuna de amantes la habitación
en la que por vez primera conociste la pasión,
habrá estrellas fugaces iluminando el salón
en el que arrodille mi alma ante tu voz.

Será un cuento hermoso sin hadas,
sin dragones, ni campanas;
quedará espacio suficiente, solamente,
para dos amantes de antes y de siempre.

Me gustabas tanto a los dieciséis,
tanto como me gustaba respirar,
te odiaba tanto a los veintiséis
tanto como el que más;
y ahora a los veintisiete
con tanta vida hacia el frente,
con toda esta incertidumbre e incredulidad
me temo mucho que lo podemos intentar…

Y si las cosas resultan mal,
no tengo nada de qué preocuparme,
lo hecho estará ya hecho, al final.

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 5 de febrero de 2,017

Crisis de Versos

Prudente es el suelo
que abyecto nos espera,
fugaz la chimenea
y posible el anzuelo
que nos comienza
a arrastrar despacio
al centro de su inocencia.

Crisis de versos
cuando sobran los besos;
aunque nunca sean
suficientes para el que desea
a la hermosa muchacha
del poblado vecino
que esta tarde le ha regalado
la dulzura hermosa de su mirada.

Crisis de versos
cuando sobran momentos;
aunque nunca sean
los primeros, para el que se impacienta
por la hermosa muchacha,
del amargo camino,
que esta noche le ha entregado
sus plumas de erizadas alas.

Imprudente es la estrella
que intensa nos acerca,
a la pretenciosa idea
y al posible incierto
que nos acerca
al ingenuo encanto
de su buena minuta.

Crisis de versos
cuando sobra el tiempo;
para recorrerte por completo,
lienzo de piel morena,
emoción de impertinencia;
amor, despertar, soñar,
pintar, calor, sudor,
temblor, cambiar, doler,
llorar, perdonar, lidiar,
comenzar, acabar
y despedirse
sin lograr descifrar…

Crisis de vernos
cuando el inicio hermoso
se transforma
y el resultado
es una despedida a trozos,
norte y sur, pedir o dar,
extrañarse u olvidar…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 23 de enero de 2,017

Despacio…

Despacio…

Como comenzar a amarte,
como florecía el verano en tu almohada,
como se gesta la revolución del almirante
y el espectáculo hermoso de verte desnuda.

Despacio…

Paso a paso, pero sin detenerse,
llorar un cristal por los ojos en nombre del amor,
dejarse llevar por la última noche antes del desastre
y resoplar con tranquilidad cuando todo pierda su color.

Despacio…

Como la resignación se funde con la misma piel
y el horizonte con lo más lejano de un mismo mar,
como la última noche de aquel diciembre al perder
todo amor y todo honor de toda una vida a olvidar.

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 13 de noviembre de 2,016

Polvo De Diamante Para Dos

Aquella vez cristales de hielo se precipitaban sobre la piel debilitada de la ciudad, la caminata vespertina esa vez no iba a curar las heridas, el dolor, ni tan amargo sabor. La despedida se nos aproximó de tal manera que no tuvimos tiempo a reaccionar, ni a encontrarle una respuesta, al menos superficial, a todas aquellas preguntas que todavía flotaban como pequeños fantasmas observándonos.

El ingrediente primero podía sentirse, más que sobre la piel, en el centro del alma que adolorido sollozaba. La temperatura de la frialdad ante la ausencia de caricias y del calor de tu cuerpo se había implantado en el centro de mí y de cada uno de los habitantes de los universos que juntos descubrimos. Nuestra canción nunca volvería a devorar de la misma manera dos corazones, como el tuyo y el mío, como el mío y el tuyo, como el nuestro que era uno solo en cada ciudad que juntos conocimos. El frío intenso rodeaba a cada uno de los besos que nos dimos, mismos que agonizaban con tierna desolación, dejando a la respiración descansar de vida.

El ingrediente segundo se presentó borrando nubes y estrellas de los cielos, desdibujando las sonrisas que liberamos al viento cada día de nuestro idilio, no esperaba menos porque siempre supe que las catástrofes existen para desvanecer todo a su paso y tener que estar sin ti es la catástrofe más grande a la que tuve que acudir. Traté de elevar remanentes de tus miradas y de tus besos para que nuevamente existiera la posibilidad de un paraíso lleno de esperanza, pero fue inútil, no lo conseguí y a medida que los minutos transcurrían se iba agrandando el tiempo de ausencia, de vuelos comerciales y de aves, por el celeste brillante y el blanco pragmático del cierzo bajo el que nuestro amor fue parte de él… No te asustes y no hagas tanto caso, es sólo que sin ti, los cielos se han despejado de una forma tan preocupante. Si a ello sumamos el frío insoportable, sabrás que no es tan bueno respirar, no lejos de ti.

El  ingrediente tercero apareció por ocho quintos de siete lágrimas que derramé sobre una fotografía, en la que te volví a encontrar, se escondieron tan precipitadamente en ella con la intención de volver a tocarte la piel, pero fue imposible y la humedad se ha quedado a vivir en mi hogar, que siempre será tuyo, que nunca podrás olvidar. Y aunque por las noches los muebles sigan crujiendo, jamás pensaré que es a causa de entes del más allá porque no existe, para mí el más allá es donde te encuentres, ese lugar secreto a donde el invierno te llevó, para extrañarme tanto como ahora te extraño yo.

Polvo de diamante cuando los amantes, se alejan de tan hermosa ciudad, del universo del que fueron más que una parte y se aproximan a la espiral de seguirse amando sin aceptarlo y sin poderlo evitar…

Y así los gritos, toda la desesperación, el vino agredido, la triste canción, tanto silencio en poemas desnudos, muertes fugaces de cuartos hundidos; ya sin tu cuerpo, sin labios de amor, ya sin el viento, sin tu hermoso candor sólo me queda una vida ojerosa, un mal milagro que no se cumplirá, tantas preguntas sin verdades a medias y polvo de diamante esparcido en mis llagas, y la inmarcesible noción de no poder morir en paz…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 30 de octubre de 2,016

Luna Para un Abril

Para un abril la luna
y aquel abril fue hermosa,
después de un primer roce,
el milagro clandestino recibió
de las manos del cielo un color.

Me encantaba mirarla a los ojos
cada vez que cerraba los míos,
me gustaba pensar en su voz
y acabar empapado de luz,
de esa luz que irradiaba su andar.

Me llenaba de una gran emoción
susurrar a su oído todas mis razones,
el abrazo eterno elaboraba una historia,
una historia tan distinta en hervores
que no olvido aunque pase el tiempo,
el tiempo, que es un impostor de ilusiones.

Pero la luna fue siempre justicia
y su albura nos dijo siempre que sí,
no tuvo elocuencia el fin de esa historia
a pesar de que el ciclo culminara allí.

Vi pasar la mañana siguiente en tu frío
y quise abrazarte como a un dulce trino
de ave que alzaba el vuelo para huir de sí mismo.

Fue en abril que la luna nos vio
en un beso sellar las pasiones,
un enjambre de noches siguientes
contemplaron nuestras intenciones,
no hubo rastro de un Dios ofendido
pero aquello llegó a su final,
no te olvido ni cuando me olvido,
no te pierdo ni estando perdido,
ojala que volteen a vernos
los misterios de aquel joven niño
y nos salven de frente a lo incierto
para nunca dejar de querernos.

No hace falta que estés a mi vera
para verte paseando en la luna,
no hace falta que nazcan higueras
para saber que como tú no han ninguna
y el sabor de tus labios, cariño,
hizo nido en el centro de estrella
que me late en el pecho desnudo
por debajo de esta piel morena,
más que nadie conoces la historia
que ciñó aquel silencio a mi herida,
eres luz, eres todo, eres nada,
como un simple respiro por fuera del agua,
digamos que si te olvido del todo
en la vida no me queda esperanza…

©Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 13/08/2016


La fotografía titulada “La Luna del 23 de Abril” es propiedad y arte de Fotografía Rocío PH. Les recomiendo sorprenderse contemplando su trabajo.


Toda Solución es Arte

Allí donde ocurre el epicentro de tu amor,
como sangre en el ojo de nuestros miedos
se avalancha un mal sueño en el que muero,
tan lejos de tus besos, tan lejos de tu arpegio.

De las alas de un quetzal, su hermosura,
en ofrenda a los altares, para el alfa de los jaguares,
se desprende el aroma placentero de la muerte y su promesa,
quizás no nos vendrá tan mal recomenzar la vida,
sanar la herida y no volver a llorar por las mismas utopías.

Un bolero en vinagre de madera arbolezca
restaurará la mala nota que obtuvimos,
la herida mortal que dejaste en mi pecho
y que sellaron tus labios para dejarme el dolor adentro.

Puede que aprendamos a volar, a ver más el horizonte,
a olvidarnos del suelo y de tantos golpes,
del mal sabor, de la tarde humeante y de este pésimo engranaje.

Quizás podamos al fin comprender,
que para morir no es necesario morirse,
que para renacer no es necesario quedarse…

Que toda solución es arte.

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 19/07/2016

 

Del Mismo Subsuelo

No le pague a un editor
para que le corrija sus males,
no gaste en consultas editoriales,
si usted está hecho del mismo subsuelo
que cualquiera que cree entender su destino.

Mancille el azar y cruce a la otra acera,
no guarde rencor, no haga del árbol vivo leña,
no use el ordenador si tiene en casa a su pareja,
sea de bien que del mal ya alquilan, incluso, caretas.

No le pague a un presidente
el dinero que no necesita,
guárdese los modales abstractos
en cenas de diez menos cuarto,
naufrague en la piel y no en la desesperanza
de verse publicado a doscientas manos
en páginas web para sentirse suciecito y tan alarmado.

No escuche todos los consejos, piense en su otra mano,
no pague a un editor si usted puede aprender a expresarse mejor
y tenga el valor de decir: “Yo lo hice”, aunque esté muy asustado.

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 31/05/2016
Obra: 8 Infinitos Contables
Poema: 8 de 8 (Final)

Los Trozos de Piel que me Resten

En el final de mis líneas
que me juzgue la poesía,
si es que a su favor hice bien,
si es que a su favor hice mal,
yo no puedo dejar de escribir
mientras el duende que me habita
siga accionando la maquinaria
que me obliga a latir dentro de estas llamas.

No puede paralizar cosa alguna
la necesidad de amanecer la palabra
en un ser que vive de letras
y canta en todo momento a las brasas.

Lloveré los trozos de piel que me resten
sobre el folio que espera impaciente
por un nuevo verso de amor consecuente
o las penas que no pueda llorar y alimente.

Freirán mis huesos en ascuas intensas como la nieve,
de mis cenizas se hará un dulce collar dibujado
por finas manos de ciento cincuenta mujeres.

No puede paralizar cosa alguna
un alma que vive de historias,
que actúa en su teatro a diario
crueles coincidencias de una vida
absoluta que no quiso descanso.

Si el poeta no deja de respirar
no puede detenerse la línea,
si el poeta no deja de amar
no puede perderse la vida,
a mí un lunar del hombro de una señorita
me enseñó que hasta el último beso nada se marchita.

En el final de mis líneas
que me juzgue la poesía,
si es que a su favor hice bien,
si es que a su favor hice mal,
yo no puedo dejar de escribir
mientras el recuerdo que me habita
siga accionando la maquinaria
que me obliga a evocar dentro aquellas aceras,
en las que rumbo al lago besé aquella boca sincera.

Y yo arderé en mil corazones
que no serán igual al de ella,
y anidaré en ojos brillantes
que no podrán ver en mí
todo lo que al elegirme vio ella,
que me juzgue y me guarde
un trocito de su inocencia,
que me juzgue y me salve
de todo olvido, de toda ausencia.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 20/05/2016

Con Tanto Sexo

Bajándote la tanga con los dientes
me ha recorrido un sentimiento diferente,
no veo sobre mi cama a una diosa,
pero sí a una mujer tan mentirosa.

Con los nudillos fijos en tu colchón,
sentí el roce del final a insatisfacción,
besé tu sexo y aquel no era tu sabor,
supongo que no quedará ileso
el infinito que soñamos tú y yo.

Comí tus pechos cómo yo lo sé hacer,
bebiste fuego tan intenso de mi piel,
a veces sé que tanto orgasmo no es que baste,
si la magia abandona el piso con las manos
entre los bolsillos sin decir nada y nace un desastre.

Pero qué vamos a hacer,
a mitad de este camino, ya no sé,
talvés tirar fuerte de las riendas
sin motivos, sin porqués,
quizás amor chatarra
hoy toque comer.

Y te haré el amor con tanto sexo
que no lo olvidarás mañana,
pero te aseguro, que no volverás
a ver sobre tu cama al mismo hombre desnudo.

Porque te haré el amor con tanto sexo
pero no será tuyo el recipiente del candor
que dentro de tu cuerpo hizo cielo
con tintes de infierno y te salvó.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 13/05/2016

Este Descomunal Ir y Venir

Es descomunal este ir y venir,
del principio hacia el final,
correr en ciclos repetidos
que no llevan a ningún lugar
pero que nos devuelven de la tristeza a cantar.

Será la clase que le pongo a la elegancia
o el color de tus ojos rudos la razón,
será que no escucho nunca el móvil sonar
o que no nací programado para contestar.

Voy a seguir cantando a tu recuerdo,
no voy a olvidar tu dirección en Seattle,
ni que le dije a todos que estabas más lejos,
que ya no volverías a esta cruel ciudad.

Me voy a reír de las películas que veías,
de que resultaste ser otra Miss Carrousel,
de tu falda a cuadros sin principio, ni final,
de las promesas que te hice, de no cumplir al menos una,
de cumplirle, al menos cinco, a tu amiga la santina,
de esta ida y vuelta con destino
a nuestro sitio preferido que es ningún lugar.

Es descomunal ser niños y resolver las cosas
con más inteligencia que la de un adulto,
al ser adultos tener ganas de volver a ser niños,
dejar de soñar con Disneylandia, comenzar a entender
que el tiempo vuela y pasa, que la soledad es recurrente,
que ya nadie nos espera en casa,
que debimos quedarnos juntos,
que debimos tantas cosas, debimos y nada.

Voy a seguir cantando a tu risa,
no voy a olvidar tu desnudez en retrato,
tu cuerpo de diosa experta en acrobacias,
que de ti jamás se me han quitado las ganas,
por fin, me voy a beber el Jack Daniels que me regalaste,
lo voy a dejar de esconder en el zaguán de mis desastres.

Me voy a reír de las historias que escribías,
de que resulté ser un extranjero más que se iría,
de tu tierna locura sin principio, ni final,
de las promesas que me hiciste, de tu aderezo de aceitunas,
de la comida francesa que nunca pudiste emular,
de esta ida y vuelta con destino,
sin documentos, caminos o heridas,
a nuestro sitio preferido, aquel silente bar a escondidas.

Es descomunal este ir y venir…
¿Cuándo volverás?

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 24/04/2016


Muchas gracias por sus ojos y por estar,
para más poemas les invito a leer mi sección Poesía,
no olviden que también pueden seguirme en mi
página de Facebook.


La Fotografía: El Viaje de la Vida, es propiedad y arte de Rocío Pardos a quien pueden seguir a través de su Blog: FOTOGRAFÍA ROCÍO PH y también pueden seguirla en su Fan Page de Facebook: UN VIAJE DE DIEZ MIL KILÓMETROS EMPIEZA POR UN SOLO PASO

Dos, Tres, Miles o un Millón

Es tan fino como el borde de un final imprevisto,
como la densidad del agua mientras el viento lo mece,
si escuchaste, alguna vez, a un niño susurrar sus secretos
y viste a un ave herido de muerte suspirar, es así…

Bajan las persianas de la luna, las ciudades bostezan de frìo,
un color nuevo lo inventaron en un beso, dos amantes,
y las mañanas prometen un mejor alimento, un tiempito,
para dos, para tres, para mil y un millón de vecinos…

Me dejas que te abra la puerta de mis tristezas,
me dejas que busque en tu risa mi salvación
y te dejo, no te dejo, cantarle a mi vida una canción
que hable de nosotros, de tus heridas conocidas y su don…

Y te busco en el centro de mi cuerpo, pero no estás,
vas adherida a mi exterior como armadura que protege
cada paso y cada verbo, cada noche y cada verso desde hoy.
Pasará un río de sangre, un nuevo cometa Halley,
pero ya se habrá secado el gran río del arroz
y dirán te lo dije, lo dirán siempre dos, tres, miles o un millón…

Tú toma mi mano y no te sueltes, no te sueltes mientras puedas,
que la vida es un instante y el instante de tu risa mi tesoro,
que mi tesoro va compuesto de agonías y presagios, de manso calvario
y de cuatro de tus fotos que guardé, cada una para distinta ocasión…

Y te busco en el centro de mi cuerpo, pero no vas,
estás adherida a mi exterior, como una estrella fugaz domesticada
que se ha quedado a iluminar los oscuros rascacielos y sus sombras, y su azar.

Me lo dijeron dos, tres, miles y un millón de veces también…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 17/04/2016

Sello Inmortal de Tres Letras

Tenía el alma de plata y el alma con sonrisa de mar, cuando caminaba una estela de magia aplaudía detrás. No recordaba su nombre, no sabía si amó, se arrodillaba frente a la brisa para disfrutar del silencio ruidoso del atardecer. Era tristemente feliz o felizmente triste, siempre vestía distinto, mudaba su semblante una vez al día…

De vez en cuando se le veía jugar con la silueta maltrecha que le acompañaba los pasos, en las horas de luz de su mundo abstracto. Una inquietante huida, un juego circular. No importa donde fuera ni que tan rápido corriera, si dejaba que la luz la alcanzara, ella seguía ahí pegada a sus pies y a sus huesos. Pero cuando se cansaba del juego, se apartaba a las sombras del mismo portal de todas las tardes y miraba el cielo como esperando que se abriese…

Cuando la lluvia venía, la disfrutaba como caramelos macedonios deshaciéndose en su boca. Compartía los secretos de sus alegrías con el atisbo de luna que se plantaba frente a ella en las tardes de febrero. Tenía calma en cada paso y mucha prisa en añorar que el sol nunca dejara de rotar al rededor de sus huesos, disfrutaba del oleaje del viento sacudiéndole el cabello, cabello enaltecido por dos mariposas azules escarlatas que se posaban en su cabeza, un sombrero de pirotecnia y ocho semillas de jengibre para no perder el camino de vuelta a casa.

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